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Flores y velas Atesora Group

Flores y velas

Tengo muy claro cuándo comencé a fijarme en ellos. Tenía 18 años y entrenaba artes marciales al menos tres veces por semana, siempre en el último turno de la tarde, que era cuando podía medirme con los más avanzados del gimnasio. Eran días felices, de excelente forma física y pocas preocupaciones en la cabeza, aunque en las de mis padres había por entonces muchas, especialmente económicas. Pero lo único importante de esto es que en aquel momento aún no tenía permiso de conducir, y mucho menos coche.

Fue en aquellos tiempos cuando comenzó la amistad con los que hoy, casi cuarenta años después, siguen siendo mis mejores amigos -aunque nos hayamos peleado cientos de veces, eso sí, sobre el tatami-. Y, como vivíamos casi todos por la misma zona, hacíamos juntos el recorrido de vuelta a casa, entre risas y agujetas. Recuerdo que en algunas ocasiones uno de nuestros compañeros de entrenamiento, Juan Carlos, mayor que el resto y poseedor de un flamante Seat Ibiza nuevo, tenía el detalle de irnos repartiendo por los respectivos domicilios, cosa que agradecíamos mucho -especialmente las noches de esguinces y cojeras-, y nos hacía olvidar por un rato nuestra nada sana envidia hacia el poseedor del carnet de conducir y del coche. ¿Has escuchado la canción de José Luis Perales “Tú como yo”?

“…Pero cuánto darías por volver a jugar con tu perro una vez más, a mirar de reojo aquel pastel que se burló de ti tras el cristal… ”.

Pues ese Ibiza era mi pastel, y mi amigo Juan Carlos el que se lo comía. ¡Qué tiempos tan felices!¡Cómo añoro los 78 kg que pesaba por entonces y lo poco que me importaba nada!

Bueno, basta de nostalgias.

Una noche cualquiera, en uno de nuestros repartos, las vi por primera vez, atadas al semáforo del nº 28 de la por entonces calle Caídos de la División Azul, recientemente rebautizada como Memorial del 11 de Marzo, de Madrid capital. Ocho o diez flores de colores, agrupadas formando un humilde pero cuidadísimo ramo; y debajo de ellas, igualmente atado al poste con una cuerdecita, un cartel con letras de molde escritas a bolígrafo sobre un cartón mostraba un mensaje que no pude leer por la distancia. Desde el asiento trasero del coche, mientras hacíamos la obligada parada, me pareció que, fuera quien fuese la persona que colocó allí el ramillete y el cartel, mostraba tanta sensibilidad como estrecheces económicas. Recuerdo cómo imaginé para mis adentros que debía de haberlos puesto alguien que lo estaba pasando muy mal, probablemente una madre a la que algún hijo se le había estrellado con la moto en ese mismo lugar. La luz verde nos puso de nuevo en movimiento, y, al igual que el pequeño obituario, mis reflexiones quedaron atrás cediendo espacio a las risas y chistes habituales.

Sólo hasta la siguiente vez que pasamos por el mismo lugar. De forma instintiva me fijé en el semáforo, esperando verlo desnudo o, como mucho, adornado por el ramillete de flores ya secas y mustias. Pero no fue así. Aunque habían pasado al menos dos o tres semanas y el cartel había desaparecido, el ramo lucía sorprendentemente fresco; igual de modesto, pero nuevo.

Y así, en parte espoleado por la curiosidad y en parte por la admiración -o quizás por la compasión- hacia el anónimo autor de los homenajes, buscar el ramo atado al semáforo cada vez que pasaba por ese punto se convirtió en un hábito para mí. Y durante años nunca me sentí defraudado; a cualquier hora del día o de la noche siempre había allí un ramillete nuevo, delicado, con su mensaje discretamente atronador. No puedo más que suponer cuál era la motivación de quien lo colocaba -¡cuántas veces me he lamentado por no haber leído aquel mensaje!-, pero tal persistencia era la prueba incontestable de que ese ritual era el eje alrededor del cual giraba su vida. Me sigue emocionando cuánto amor debía sentir aquella persona, y qué horrible debía ser su sensación de duelo.

Sólo fue al cabo de más de dos décadas cuando el último ramo se secó y nunca más fue sustituido; quizás por respeto, los servicios municipales no lo retiraron hasta meses después de que, probablemente por la muerte o la incapacidad física de su dueño para seguir reponiéndolas, las últimas flores se marchitaron.

Lo cierto es que este episodio dejó huella en mí, porque desde aquellos lejanos días desarrollé una habilidad incuestionable para localizar este tipo de homenajes anónimos; y los he descubierto a centenares, especialmente cuando hago rutas en moto que me llevan por caminos perdidos y puertos de montaña. La mayor parte de las veces son ramos de flores atados al quitamiedos de alguna curva asesina, mal peraltada o con el asfalto en ruinas -señores de la DGT y de Fomento, aprovecho para sugerirles que, si de verdad velan por nuestra seguridad y no tanto por nuestro dinero, siembren algo menos las autopistas de radares absurdos y destinen un poquito más de presupuesto a señalizar bien y acondicionar los despropósitos de carreteras secundarias que hay por España, que no por casualidad el 75% de los fallecidos en vía interurbana se han matado en ellas-. Muchas flores, decía, pero también he visto pequeñas lápidas talladas a mano, cruces más o menos improvisadas hechas de madera, hormigón y hasta uralita, altares con velas encendidas rodeadas de objetos personales del difunto, todo tipo de diminutos monumentos de las formas y motivos más variados; e incluso hay bicis pintadas de blanco por muchos lugares del mundo (también llamadas “bicicletas fantasmas”), colocadas para conmemorar el falleci – miento por atropello de un ciclista en ese mismo punto. De hecho, tal tipo de conmemoraciones no se circunscriben únicamente a los muertos de tráfico; hasta donde yo sé también las hay dedicadas a accidentados laborales y víctimas de todo tipo de violencia -especialmente significativas las ofrendas populares a los muertos en los espeluznantes atentados del 11-M-. Y seguro que hay más razones que no se me ocurren.

Añorar es humano. Homenajear al que se fue equivale a fortalecer y perpetuar su memoria, y contribuye a tolerar un poco mejor nuestra propia caducidad. Sin embargo, tengo una reflexión al respecto. Al margen de lo admirables y conmovedores que me resultan estos testimonios, me hago la siguiente pregunta: ya que el dolor por la pérdida y el recuerdo que tenemos de alguien son subjetivos y particulares para cada individuo; ya que su memoria pertenece a nuestro dominio interior y siempre residirá allí, ¿no es cierto que el homenaje más significativo, el más honesto y perdurable que podríamos dedicarle a esa persona sería hacerla parte de nosotros mismos? Me refiero a integrarla, en el sentido de “hacer que algo o alguien pase a formar parte de un todo”. Recordar sus palabras, sus costumbres, su modo de ver la vida y dar sentido a las cosas; elegir lo que más nos guste y adoptarlo, habituándonos a usarlo en combinación con el propio acerbo. Fusionarla, hacer que forme parte viva de nuestro interior, de nuestra esencia; de ese modo vivirá para siempre en cada decisión que tomemos, en cada acción que realicemos, en cada logro que consigamos y en cada sueño al que aspiremos.

Y, para no resultar tan fúnebre, debo aclarar que no me refiero únicamente a quien falleció, sino a quien nos dejó en un momento dado. Un amante al que añoramos, un compañero que se marchó a la competencia, un jefe que se jubiló, un amigo al que perdimos la pista… Piénsalo por un momento. Puede que lo hayas experimentado trabajando en una empresa que sufrió el trauma de un ERE, o tras el despido -que consideraste injusto- de un compañero; quizás se trató de una persona importante para ti por la razón que fuese, y que un día decidió marcharse para comenzar un futuro diferente en otro lugar… ¿Cuánta energía, cuánto tiempo empleaste en lamentarte, en culpar a la empresa, a sus directivos, a la crisis, al destino? ¿Cuántas charlas en la máquina del café, cuántos rumores tóxicos compartiste con tus compañeros buscando justificación -o al menos una explicación tranquilizadora- para digerir la pérdida? Quizás con la distancia puedas ahora apreciar que, al igual que esas anónimas personas de las que hablábamos invierten un montón de energía a lo largo de años en construir, instalar y cuidar sus ofrendas, tú también erigiste altares y los llenaste de velas y flores, tan emotivos como inefectivos y nostálgicos.

Todo nuestro éxito se basa en el esfuerzo de quienes nos precedieron. Las normas que hoy cumples, los valores que te definen, los protocolos a los que te atienes, el listado de clientes a los que vendes tus productos, la cultura que caracteriza a tu Organización, nada de eso existiría si antes que tú no hubiera habido otros que ocuparon tu lugar. Y tú, sin saberlo, integraste su obra y ahora la perpetúas. ¿No es eso un claro homenaje a su empeño? ¿No te han ayudado, sabiéndolo o no, a ser quien eres hoy? Sólo te pido la reflexión y la altura de miras suficientes para apropiarte de su legado de forma consciente y voluntaria, y, con su ayuda combinada con tu esfuerzo, esculpir a la persona que anhelas ser para conseguir mañana aquello que hoy no puedes. La añoranza, cuando carece de un aprendizaje, sólo puede conducir a la frustración y a la melancolía. Si alguien importante para ti desapareció de repente, mi sugerencia es que lo recuperes en tu vida; pero si no puedes hacerlo, intégralo en ella. No necesitas atar flores a un semáforo ni construir un altar, real o figurado, para mantener viva su memoria. Y esto lo digo desde el más profundo respeto al dolor de quien sí lo hace, y el agradecimiento a aquella desconocida persona que despertó con sus ramilletes esta reflexión sin ser consciente de ello; como si fuera la moraleja de un cuento, acabo de caer en que hace más de veinticinco años me permitió integrar su sufrimiento y constancia para ayudarme a ser quien hoy soy. Gracias.

Iván Yglesias-Palomar.  Director de Desarrollo de Negocio en Atesora Group

El coronavirus y la disrupción digital

El coronavirus y la disrupción digital

En los últimos días hemos sido testigos del crecimiento exponencial en el número de casos de coronavirus, lo que ha obligado a pasar al escenario de contención reforzada. Entre las medidas adoptadas se encuentran el cierre de centros escolares en Madrid, Álava y La Rioja y, unas semanas antes, a la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona, la feria tecnológica más importante a nivel mundial, tras la oleada de bajas de las principales empresas del sector de las telecomunicaciones.

He tenido la oportunidad de asistir varias veces en esta feria de diferentes formas -como empleado de una multinacional líder en el sector y como socio fundador de una start-up-, y siempre me ha fascinado la cantidad de recursos que las grandes compañías dedican en este evento.

Cómo todas ellas invierten grandes presupuestos de millones de euros, mucho tiempo de dedicación de sus principales empleados, poderosas acciones de marketing y de comunicación asociadas al evento o, en el caso de las start-up, dedicando una semana de su valiosísimo tiempo y gran parte de su presupuesto anual de marketing. Y os puedo decir que es rentable, ya que constituye una oportunidad única de generar negocio, establecer contacto con los principales partners y con potenciales clientes, y maximizar el impacto de la comunicación.

La forma en la que se han desarrollado los acontecimientos me ha generado una pregunta. Si estuviera colaborando con una empresa que tuviera planificada la presencia en el Mobile, ¿qué hubiera hecho con el lanzamiento de mis nuevos productos, las reuniones con partners, clientes y/o proveedores y la participación o desarrollo de los eventos de la feria?

Y la conclusión a la que llego es que hubiera realizado estas mismas actividades, pero con total seguridad empleando diferentes formatos y en otros espacios. Por ejemplo, las reuniones las hubiera realizado por videoconferencia; los lanzamientos de producto, a través de medios digitales, y el conocimiento de la competencia y del entorno a través de foros de internet.

Sin duda alguna, como ya están proclamando los grandes organismos económicos, el efecto del coronavirus a ese nivel será muy negativo. Si nos referimos específicamente al sector de la comunicación, las empresas con presencia global están ya experimentando un importante impacto; que se traduce en un menor número de desplazamientos de negocio para reuniones con proveedores, partners, clientes -e incluso reuniones internas- a los países que están sufriendo un alto índice de afectados. Y esto no ha hecho más que empezar.

Mi opinión es que es en este tipo de contextos tan dramáticos cuando las personas nos vemos abocadas a admitir los cambios profundos, sean cuales sean éstos; pero especialmente el “súper cambio” de la Disrupción Digital.

La Historia de la Comunicación Humana es un relato apasionante de necesidades y avances tecnológicos, enormemente ingeniosos y complejos en su momento por obvios o anticuados que éstos nos parezcan ahora. Por ejemplo, fue la invención de la escritura y los diferentes alfabetos -cuneiformes, jeroglíficos, ideográficos, etc.- lo que permitió a los pequeños asentamientos humanos convertirse en grandes civilizaciones al poder dejar constancia y transmitir fidedignamente códigos, leyes, bienes y negocios -de hecho, el primer documento escrito del que se tienen pruebas físicas aceptadas es un contrato de compraventa de ganado entre dos habitantes de Uruk, en Mesopotamia, varios miles de años antes de nuestra era-.

Con anterioridad a eso, la comunicación entre personas era únicamente presencial y oral, con sus enormes limitaciones. La utilización de emisarios que portaban noticias de toda índole es muy antigua, pero en tiempos más recientes -desde Alejandro Magno- se perfeccionaron las redes de mensajería para alcanzar los rincones remotos de los imperios, y fueron los romanos los que convirtieron la comunicación en un auténtico proceso de ingeniería con precisión suiza.

Pueblos tan diferentes como los nativos americanos, los jinetes de las estepas de Mongolia o los aborígenes australianos coincidieron en el uso de fogatas, almenaras, códigos sonoros mediante tambores e instrumentos de viento o reflejos con espejos para solucionar sus necesidades de interconexión. Incluso en tiempos tan recientes como la II Guerra Mundial el uso de palomas mensajeras resultó crítico para la victoria aliada por su eficacia en la transmisión de mensajes cifrados al ser difícilmente interceptables.

La aparición del telégrafo y la transmisión por código morse marcaron el inicio de la era moderna de la comunicación, al permitir por primera vez la conexión inmediata entre ciudades, países e incluso continentes, siendo el embrión de nuestras actuales redes. Y a continuación la radio, que no sólo era inalámbrica, sino que podía difundir un mensaje a un público amplio y deslocalizado en tiempo real.

Tras ella, la televisión incorporó la imagen; los ordenadores facilitaron la creación de datos y la posibilidad de almacenarlos, e Internet hizo que las posibilidades de comunicación de todo un planeta fueran muchísimo más sofisticadas y útiles al tiempo que infinitamente más sencillas.

Y si bien uno de los inventos que más transformaron nuestra comunicación, el teléfono, que permite comunicarnos de un punto a otro de forma directa, tiene ya siglo y medio de edad, la última revolución en este terreno la ha proporcionado el teléfono móvil, que desde hace unos años incorpora todas las facilidades aportadas por sus sistemas predecesores, además de las innumerables posibilidades de digitalización.

A nivel empresarial, considero que aún estamos lejos de haber explotado todo lo que la tecnología nos ofrece. Es cierto que ya son habituales las reuniones por videoconferencia con nuestros clientes y proveedores, que compartimos toneladas de información en formato digital, etc. pero no es menos cierto que, si podemos vernos, preferimos realizar estas actividades de forma presencial.

En otras palabras, aunque podamos realizar la mayoría de nuestras actividades de forma online, todavía hay una brecha cultural y de hábitos que impide el despegue definitivo. Y no es un problema de costes, porque, a pesar de estar muchas de las tecnologías virtuales en fase incipiente -lo que hace que su precio las haga inaccesibles para muchas empresas-, hay ya disponibles muchos servicios, herramientas y aplicaciones asequibles que permiten realizar todo tipo de actividades profesionales de forma remota: gestión de proyectos, productividad, gestión del tiempo, gestión de equipos, reuniones grupales, etc.

Estadísticamente hablando, son relativamente pocas las empresas que han apostado fuerte para impulsar de forma efectiva este cambio. ¿Por qué? Por el factor humano, ya que hasta que las personas no percibimos que hay una necesidad real de cambio es difícil que cambiemos. Y precisamente en este momento, la crisis -que se percibe como muy grave- del coronavirus hace que se den las circunstancias de cambio disruptivo.

Por ejemplo, si eres una profesional que gestionas un proyecto que tiene su área de producción en otros continentes, o eres un directivo que coordinas las ventas de varios territorios donde el impacto del coronavirus es alto, estoy seguro de que tendrás todo el aliciente que necesitas para desarrollar el potencial de las nuevas tecnologías para realizar tu trabajo de forma virtual. Para tu tranquilidad, es ya muy habitual para muchas empresas contratar a profesionales que no están físicamente en su territorio, y, si lo miras bien, este tipo de relación es beneficiosa para el colaborador, para la empresa y para el entorno; el colaborador tiene más tiempo, la empresa puede ampliar su búsqueda a más personas al no estar limitada por la variable espacio y el entorno tiene menor impacto medioambiental debido al menor uso de desplazamientos.

¿Y qué ofrece el cambio digital al futuro de la comunicación empresarial?

Parece que se confirmará con bastante seguridad la tendencia creciente al uso de la realidad virtual, la realidad aumentada y la realidad mixta, en la que, a través de ciertos dispositivos parecidos a lentes, los interlocutores pronto se encontrarán en un espacio virtual. ¡Ah, y el idioma no será un problema!

En otro campo, la inteligencia artificial nos permitirá en breve comunicarnos con nuestro entorno sin que sea necesaria la presencia humana -se habla de que el 85% de la comunicación con los clientes será sin intervención humana-. Puede gustarte o no, pero está claro que los avances van por ahí.

Los cada vez más habituales wearables también están suponiendo una nueva forma de comunicación, y, con la progresiva implantación de redes 5G, estaremos en condiciones de exprimir sus posibilidades. El coche conducirá de forma autónoma, la nevera hará los pedidos automáticamente, el cepillo de dientes nos dirá si tenemos caries, y veremos operativas en poco tiempo un sinfín de aplicaciones que se están desarrollando en estos momentos.

Las Redes Sociales continuarán cambiando la forma de comunicación entre las empresas y sus clientes, y los colaboradores también evolucionarán para adaptarse al concepto del omnitrabajo.

Adaptar las habilidades conductuales -gestión emocional de los equipos, comunicación eficaz, gestión de la influencia, motivación, etc.- a este nuevo universo virtual será vital para el éxito de las empresas. En próximos artículos hablaremos de cómo transformar nuestras acciones y comportamientos para sacar el mejor partido a la nueva situación profesional, es decir, como continuar consiguiendo el éxito en el nuevo terreno de juego.

Este año, sea por el coronavirus o por la imparable sucesión de avances tecnológicos y sociales, seremos testigos de la explosión definitiva de la comunicación digital. El reto para las empresas será adaptar a sus colaboradores a las nuevas competencias que este nuevo paradigma exige para ser más competitivos, conectar más y mejor con el cliente y afrontar los nuevos retos de la comunicación no presencial.

¿Estás preparado?

Miquel Pocurull. Director de Atesora Group

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Taller de Implantación de Cultura de Mentoring

Cultura de mentoring

Actualmente, en España las organizaciones que desarrollan proyectos de mentoring rondan alrededor del 5%. Sin embargo, en Estados Unidos, la cuna del mentoring, más del 70% de las empresas llevan tres décadas utilizando esta herramienta como parte de la clave de su éxito.

Nos encontramos en un momento en el que esta disciplina está siendo cada vez más demandada, por eso, antes de explicar en qué consiste el Taller de Implantación de Cultura de Mentoring, es preciso contextualizar para qué sirven y cuáles son los beneficios directos e indirectos de implantar programas de mentoring en empresas.

Aplicaciones y su efectividad

El mentoring es una disciplina efectiva para preservar, difundir e incrementar el conocimiento y la experiencia organizacional.

Ha demostrado su elevada efectividad en los planes de sucesión; en el desarrollo del liderazgo y de otras habilidades; en la captación, desarrollo y retención de Talento; en la gestión del conocimiento; en la alineación de valores culturales; en el incremento de la productividad; en la mejora del clima y la satisfacción de empleados; en la implantación de proyectos RSC y de apoyo a la diversidad; entre otras aplicaciones.

La Revista Fortune en su lista anual Fortune 500 ha desvelado estos y otros datos sobre la efectividad del mentoring en las empresas.

El 44% de los CEOs señalan los programas de mentoring como una de las tres estrategias más efectivas para propulsar la promoción de las mujeres a posiciones directivas

El 77% de las empresas resalta la efectividad del mentoring en la retención de empleados

La productividad de los managers se incrementó un 24% cuando sólo se utilizó formación y un 88% al complementarla con mentoring

Qué aporta el Taller Implantación de Cultura de Mentoring

El éxito de implantar un programa efectivo de mentoring en empresas implica una metodología basada en su probada efectividad.

Tu participación en el taller te permitirá tener algunas de las claves de la metodología Effective Mentoring®:

– Tener un sentido claro de qué es y qué no es el mentoring, cómo funciona y qué beneficios puede aportar a tu Organización

– Entender las diferencias y semejanzas que existen con respecto a otros procesos de desarrollo tales como el coaching, la consultoría, el counselling o la formación, y cómo se integra con cada uno de ellos

– Conocer y experimentar los diferentes roles que puede desempeñar un mentor

– Practicar herramientas y/o modelos de los cuales se nutre el mentoring

– Comprender que el mentoring es un proceso, conocer sus fases y la razón de ser de cada una de ellas

– Tomar consciencia de cuáles son los elementos mínimos que garantizan la implantación de una cultura de mentoring efectiva de acuerdo a las mejores prácticas establecidas a nivel internacional

– Comprender el rol del Administrador de Programa de Mentoring

– Saber cómo medir y capitalizar los beneficios de tu proceso de mentoring

– Aprender a diferenciar entre mentoring convencional y Effective Mentoring®Para tener un sentido claro sobre lo que es el Mentoring efectivo en una Organización.

A quién va dirigido

A responsables de Recursos Humanos y directivos que tienen el propósito de implantar un programa de mentoring en su organización o mejorar alguno de los procesos que actualmente estén desarrollando.

Todo ello a través de nuestros Programas de mentoring en empresas, del debido asesoramiento de nuestros consultores especializados y de la capacitación en una metodología formal y efectiva.

Cuándo y Dónde

Madrid

19 de marzo de 2019

Barcelona

26 de marzo de 2019

Horario: 9:00-14:00h

INSCRIPCIÓN GRATUITA PARA PROFESIONALES DE RECURSOS HUMANOS

¡Recuerda que el cupo es limitado!

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Revista Talento septiembre-octubre 2019

En Atesora Group también volvemos al ‘cole’. Y lo hacemos con la mochila cargada de ilusión, renovadas dosis energía y nuevos proyectos de los que ya os iremos contando. Para empezar, queremos dar la bienvenida a Miquel Pocurull, quien se estrena en nuestra revista con ‘La confianza, la clave del éxito del cambio’, y a Vanessa Peirotén, editora de la publicación desde hace años, que hace lo propio con otro artículo igual de inspirador y motivador: ‘¿Hablamos de género? La transversalidad de género en el punto de de mira’. ¡Bravo a los dos, compañeros! ¡Por muchos contenidos de tanta calidad como estos dos! 

En esta nueva y otoñal edición encontrarás, entre otras informaciones y noticias sobre las presentaciones gratuitas de nuestros servicios, los siguientes artículos destacados:

El puesto de trabajo ha muerto (Bienvenidos al omnitrabajo) es el título del editorial de Jorge Salinas que arranca con esta pregunta provocadora: ¿Vamos a permitir que el ocio nos parta la jornada de trabajo?
Jorge visualiza un ámbito laboral sin horarios en el que el incipiente teletrabajo devendrá en omnitrabajo, un escenario en el que trabajo y ocio se mezclan y conectan en armonía.  

¿Cuál es tu actitud presente si esa visión se hiciera realidad?

En Éxito sobre dos ruedas Iván Yglesias-Palomar relata con gran amenidad su escapada veraniega en la que comparte tres reflexiones que concluyeron en “la sensación de que hay más gente pacífica, honesta y generosa que egoísta, envenenada o despreciable”.

¿Quieres saber cómo relaciona Iván su sensación con “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen Covey?

En El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional… ¿realmente es así? Miguel Labradorprofundiza en el origen del sufrimiento o dolor psicológico, explora los cuatro tipos de procesos relacionales y al ser humano como única criatura lingüística.

¿Qué crees que tiene que ver esto con los procesos de cambio organizacional, bien sea con motivo de una fusión, un proceso de transformación digital o cualquier otra situación de cambio?

¿Vives en una cárcel de cristal? es el artículo de Jaime Bacás en el que parte de la incertidumbre en la que se despliega tu vida para conectarla con el tipo de zona de confort que has elegido para hospedarla. Inmediatamente te cuestiona qué relación existe entre esta última y tu felicidad, como aspiración más probable de tu propósito de vida. El último eslabón es la amplitud de tu facultad de libertad para conseguir lo quieres.

¿Dónde vives tú? ¿En un palacio o en una cárcel de cristal?

La confianza, la clave del éxito del cambio es el estreno en la revista Talento de Miquel Pocurull. ¡Bienvenido Miquel!
¿Por qué asistimos cíclicamente a la aniquilación de empresas líderes en su segmento de mercado? ¿Cómo pueden desaparecer empresas que poseen muchos más recursos económicos, más talento en sus equipos, mejor conocimiento del mercado e información directa de los clientes, que sus competidores?

¿En qué medida la confianza es la respuesta? ¿Tiene alguna relación con el modelo de liderazgo? ¿Son realmente tan relevantes las soft skills en el éxito empresarial?

¿Hablamos de género? La transversalidad de género en el punto de de mira es el estreno en la revista Talento de Vanessa Peirotén, su editora desde hace muchos años. ¡Bienvenida Vanessa!

“… escribo este artículo porque hace tiempo descubrí que existen grupos de WhatsApp de madres que se arrepienten de haber sido madres, de haber abandonado su carrera profesional, de haber cedido varias parcelas de su vida para dedicarlas a otra; el hogar”. El artículo repasa la aceleración de los cambios que se están produciendo en este campo y algunos de los retos en los que aún necesitamos poner foco.
¿Cuál es tu posicionamiento en este asunto? Y aún más relevante ¿qué haces al respecto?

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Andragogía: Cosecha COVID-19. La pandemia que dejó malherida la pedagogía

No me toques “la tecla”. Las personas no son tecnología

Hemos disfrutado un año más de las sorprendentes propuestas tecnológicas que nos presenta el MWC’19 celebrado en Barcelona. Tecnología 5-G, pantallas flexibles que se pueden doblar como si fueran una hoja de papel, teléfonos móviles con cinco cámaras y un sinfín de novedades más. La tecnología no corre sino que vuela.

En las intervenciones que realizo con grandes compañías percibo que se pusieron hace tiempo las pilas para dar el salto en la necesaria transformación digital y disfruto al trabajar, cada vez más, con empresas donde se ha normalizado el trabajo colaborativo, haciendo uso de plataformas en la nube o donde el horario flexible ya se utiliza con total normalidad. Sin embargo, las personas no son “teclas” de un artilugio tecnológico, son bastante más que eso.

¿Qué pasa con el liderazgo y con la manera en la que managers y directivos animan y hacen crecer a los colaboradores de su equipo? ¿Se han producido cambios de verdad en estos últimos años?

El liderazgo no va solo de coordinar acciones, recursos y personas para generar resultados. El liderazgo va también de acompañar a las personas para que triunfen desde el sentido del éxito que cada uno entienda y ansíe. Si la tecnología está dando un salto exponencial, ¿no debería también darlo el enfoque y la metodología con la que los líderes gestionan a sus equipos? Mi respuesta no puede ser más clara y determinada: ¡¡¡Por supuesto que sí!!!

Es por eso que hace unos meses Antonella Fayer y yo decidimos presentar en sociedad nuestro libro titulado “La Empresa Camaleón”, donde abordamos las seis palancas que una empresa necesita accionar para acompasar la transformación digital, desde un enfoque cultural, humano y conductual.

Por esta misma razón en Atesora Group hemos modificado el tradicional enfoque pedagógico, utilizado para formar a niños, por un enfoque andragógico, el que funciona con los adultos y provoca cambios conductuales que se integran desde la absoluta libertad consciente y hace que éstos sean sostenibles en el tiempo.

Apostando por la tecnología, pero sobre todo por la humanización de las empresas, acabamos de lanzar el primer programa de mentoring empresarial por vídeo conferencia, modular y en abierto, que capacita para diseñar, planificar, animar y medir los resultados de las iniciativas de mentoring empresarial, tanto si se trata de lanzar un primer programa o mejorar los que ya están en marcha.

¿Hablamos?

Jorge Salinas
Presidente del Grupo Atesora