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Estímulo vs. Causa: Vivimos lo que interpretamos

Estímulo vs. Causa: Vivimos lo que interpretamos

Todos conocemos personas en nuestro entorno que viven vidas de auténtico drama, no tanto por las situaciones que “objetivamente” afrontan, sino por su manera de vivirlas y sentirse victimizados por ellas. A menudo se quejan de lo mal que les trata la vida o los demás, bien sea en las relaciones, en las escasas oportunidades que se les presentan o en el trato -o, como dirían ellos, maltrato– que reciben a pesar de su demostrada valía. No es infrecuente que, como consecuencia de esa actitud, muchas de las personas que les rodean terminan sintiéndose vaciadas de energía después de una extenuante conversación con ellos, a menudo unidireccional.

Un rasgo común que parecen exhibir estas personas -y todos caemos alguna vez en este tipo de victimismo- es que no asumen la autoría en su proceso de crear significado. No se ven como parte de la ecuación problemática y, por tanto, no pueden participar en la búsqueda de la “solución”. Hay una relación de causalidad directa entre las situaciones que viven y el motivo de sus males. Y esto en gran medida condiciona su calidad de vida. Con esto no estoy diciendo que no haya situaciones dramáticas que nos puede tocar afrontar, sino que la intensidad de ese drama siempre estará sujeta a la manera de observarlas e interpretarlas.

Hay muchos modelos que explican de forma conceptual cómo funciona nuestro pensamiento, y todos ellos tienen en común que suponen una simplificación de los procesos que llevamos a cabo inconscientemente a la hora de responder y dar sentido al mundo. Por tanto, en cierta medida, nunca representarán fielmente la complejidad de las interacciones que se producen entre nuestra mente y el entorno. A pesar de esto, nos ayudan a tener distinciones sobre nuestra propia experiencia, y así disponer de una comprensión útil y práctica de cómo poder intervenir más activamente, tanto en nosotros mismos como en los demás, a la hora de facilitar el cambio.

Es importante entender que cuantas más distinciones poseamos más tendremos disponible del mundo, pudiendo ser más conscientes de los procesos que creamos a la hora de pensar, sentir y hacer. También es relevante comprender que no respondemos al mundo directamente, en base únicamente a lo que percibimos con nuestros sentidos, sino en función de cómo le hemos dado sentido. Somos seres creadores de significado que elaboramos a través de nuestros juicios y valoraciones. Como decía Nietzsche, lo que nos diferencia del resto de especies es que “somos animales que emitimos juicios”.

Quiero presentar un sencillo modelo que puede arrojar algo de luz sobre este particular. Que sea fácil de entender, no quiere decir que no implique un gran desafío aplicarlo. Lo podemos resumir con el acrónimo S.P.E.C. Cuatro letras que representan un ciclo continuo y bidireccional que engloba diferentes elementos:

El primero es la “S” de SITUACIÓN: A cada instante estamos enfrentando diferentes escenarios y circunstancias con las que tenemos que lidiar. Tendemos a calificar esas situaciones como “buenas” o “malas”, y nos sentimos afortunados o desgraciados como consecuencia de ello. Sin embargo, las situaciones por sí solas no son ni buenas ni malas. Aunque nos cueste asumirlo, por negativas que las podamos percibir, son neutras. Una misma situación enfrentada por dos personas diferentes puede ser vivida de formas muy distintas. Un ejemplo aparentemente “descafeinado” nos puede ayudar a entender algo más esto. Imaginemos que se le pincha a alguien la rueda de su coche. Esto lo podría vivir subjetivamente como un problema, si para él o ella fuera importante llegar puntual a una reunión o a esa entrevista de trabajo tan deseada, generándole ansiedad o tensión en consecuencia; pero también podría vivirla como una oportunidad si lo que quería era precisamente una buena excusa para saltarse ese tedioso encuentro. Por tanto, podemos decir que el cómo respondamos y demos sentido a las diferentes situaciones dependerá de algo que no necesariamente está en el mundo, sino en nuestra manera de pensar, y darle sentido a lo que nos sucede. Aunque es fácil de entender intelectualmente, es tremendamente desafiante generar la distancia psicológica necesaria para no quedarnos atrapados en las situaciones que no nos agradan. Y esto conecta con la siguiente letra de nuestra secuencia, en la que se empieza a revelar nuestra autoría y participación en ese apasionante proceso de crear significado.

La “P” de PENSAMIENTO. Nuestro pensamiento está compuesto por una gran variedad de procesos que nos hacen propiamente humanos; nuestros juicios, valoraciones, creencias, paradigmas y modelos mentales son algunas de las herramientas que vamos desarrollando inconscientemente a lo largo de nuestra vida. Estás, a su vez, están influidas por nuestro entorno, cultura o contexto cultural. De ahí que sean el origen de muchos malentendidos en la comunicación. En cualquier caso, nuestro pensar lo creamos activamente nosotros mismos. Esto implica que si somos conscientes de ello nos daremos cuenta de que sentirnos mal o bien con las cosas que nos acontecen no será tanto causa directa de los escenarios que nos toca afrontar, sino en mayor medida de nuestra manera de percibirlos. Podemos y debemos hacernos responsables de esos juicios y valoraciones que nosotros mismos creamos, y que en muchas ocasiones son una gran fuente de tensión y malestar. La situación será el estímulo o disparador para sentirnos bien o mal, pero la causa siempre estará en nosotros mismos y nuestra manera de estar pensando.

Así que según como pensemos así nos sentiremos. Y esto conecta con nuestra siguiente letra de esta secuencia: la “E” de EMOCIÓN. Nuestras emociones, en gran medida, serán fruto de cómo pensemos las cosas. Podremos sentir miedo, alegría o enfado como consecuencia de diferentes interpretaciones. De igual modo será más probable que experimentemos determinados tipos de pensamientos en función de las emociones y/o estados de ánimo en los que nos encontremos inmersos. Es un proceso bidireccional y recíproco que se basa en un complicado juego de influencias, pero que tiene un gran impacto en las decisiones y acciones que elegimos emprender.

Y es precisamente el actuar el último paso de nuestra secuencia. Tal cual pensemos y nos sintamos ante las situaciones, así nos comportaremos.

Nuestros COMPORTAMIENTOS “C” serán las elecciones que hagamos para responder a las situaciones que afrontamos. Sin embargo, tales comportamientos, como hemos comentado, estarán fuertemente condicionados por lo que pensemos y por cómo nos sintamos. En palabras de uno de los grandes pensadores del management, Stephen Covey, entre estímulo y acción siempre hay un espacio de libertad y elección humana.  Esto nos faculta para responder de acuerdo con nuestros principios y valores. En esencia, es lo que nos hace humanos y nos permite afirmar que somos los arquitectos de nuestro propio destino; aunque muchas veces sea realmente desafiante llegar a construir este sentido, sobre todo cuando la vida parece golpearnos con un sinfín de malas nuevas.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿Dónde tenemos capacidad de intervenir directamente?

Efectivamente, en nuestro pensamiento y en nuestras acciones. Las emociones no serán algo que podamos elegir. Si así fuera, todo el mundo elegiría las emociones “positivas” y evitaría en todo momento las aparentemente “negativas”. Es un mecanismo biológico y reactivo que nos sucede y que nos da información acerca de necesidades que tenemos. Sin embargo, podemos intervenir y gestionarlas en gran medida desde nuestro pensar, haciendo un uso inteligente de ellas. Y de igual modo no podemos elegir las situaciones que nos ocurren, es decir, no podemos elegir las cartas que nos toca jugar en el juego de la vida. Pero si cómo jugarlas.

Vernos a nosotros mismos como seres creadores de significado nos da la oportunidad de asumir un mayor grado de responsabilidad, sobre todo en los momentos en los que más parece castigarnos la vida. Sin embargo, siempre nos da la posibilidad de volver a coger el volante que en algún momento hemos soltado y dar el giro necesario que requiere nuestra vida.

“Mirada de cerca, la vida es una tragedia; pero vista de lejos parece una comedia. No te la tomes demasiado en serio, porque nunca saldrás vivo de ella”.-Charles Chaplin

Miguel Labrador. Director de Desarrollo Directivo de Atesora Group.

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¿Trabajas o Consigues?

La pregunta encierra una distinción referida a tu actitud, que tal vez quieras clarificar. Como casi todas, esa distinción es sutil y,  simultáneamente, movilizadora.

Sé sincero contigo mismo, aunque sólo sea durante un minuto, y contesta estas preguntas:

¿Cuántos días del año me despierto con una expresión inequívoca de ilusión, que anuncia el comienzo de una aventura desconocida y emocionante en mi empresa?

¿Cuántos domingos me voy a la cama deseando que la noche pase rápida porque mañana es lunes y vuelvo a ejercer mi profesión?

¿Cuántas veces me detengo para saborear, felicitarme y compartir los micro-logros que conquisto cada día?

Tu respuesta: muy pocas veces

Si tu respuesta es “nunca o muy pocas veces” es probable que sólo vayas a tu empresa a trabajar. Sin duda consigues logros. Las personas que trabajan también consiguen resultados. Por eso estás aún en nómina.

Sin embargo la persona que sólo va a trabajar no suele estar muy ilusionada con su trabajo; lo considera como un castigo o, en el mejor de los casos, un inconveniente necesario para poder pagar sus facturas. Vives el trabajo como una obligación. Por eso no es una casualidad que te escuches utilizando la expresión “mañana tengo que ir a trabajar”.

“Tengo que” es una expresión frecuentísima en nuestra sociedad que expresa la obligación impuesta por “no se sabe quién”. Mantener el anonimato de ese “no se sabe quién” (neutro) es fundamental para no poder resolver la autoría de la obligación y, por tanto, no poder  argumentarla y, de esa manera aceptarla como algo inevitable y superior a mi.

Tu respuesta: frecuentemente

Si tu respuesta es “frecuentemente” es muy probable que seas de los pocos que va a la empresa a conseguir.

Las personas que han elegido adoptar esa actitud, viven la experiencia de acudir al trabajo como un desafío voluntario, una aventura en la que van a aparecer oportunidades desconocidas. Enfrentarse a ellas y vencerlas es el juego que les satisface. Reconocer los micro-logros diarios que consiguen es el combustible que les anima a repetirlo mañana. Los eventuales errores, fracasos y obstáculos que aparecen en el juego, no los nombran de esa forma, ni los viven con enfado y fastidio, sino como (bienvenidos) nuevos retos y posibilidades que les ofrecen la oportunidad de aprender y crecer.

La diferencia

La actitud con la que te enfrentas a la vida es una elección. Tú tienes el poder de elegir la actitud con la que deseas vivirla.

El primer grupo de personas no se consideran libres, porque sólo hay libertad cuando dispones de opciones entre las que elegir.

Los reconocerás fácilmente porque utilizan expresiones, desgraciadamente tan frecuentes, como “esto es lo que hay”.

No se atreven a decir su verdad, que es: “esto es lo que yo he elegido… porque no me atrevo a…” (p.e.: cambiar de puesto, empresa, etc.).

Son, y se sienten, víctimas. Ellas no son responsables, el mundo es el culpable de su situación.

Las víctimas sufren. No es nada divertido ser víctima. Merecen nuestra compasión primero, y después nuestra ayuda para que tomen conciencia de que pueden elegir. Y es legítimo elegir cualquiera de las dos opciones.

Los resultados que consigues

Son completamente diferentes en cada caso.

Tu actitud determina el juego de comportamientos (acciones) y emociones asociadas que pones en práctica. Y estos determinan (inevitablemente) los resultados que puedes conseguir. Así que elige cuidadosamente la actitud más adecuada a lo que quieres conseguir.

Proceso recomendado

Si formas parte del primer colectivo -los que respondieron “muy pocas veces o nunca”- te sugiero que realices este proceso de 10 pasos:  

1. Párate. Desconecta tu mente de lo que estás haciendo ahora y reduce tu ruido de fondo
2. Sitúate en el contexto real. Recuerda que la mayor parte de tu vida transcurre en tu trabajo. Así que el renglón que sigue puede ser importante para ti.
3. Pregúntate. ¿Quiero conseguir o ir a trabajar?
4. Visiona. Visualiza con detalle cómo será tu vida en cada una de esas dos opciones
5. Reflexiona. Compara los beneficios e inconvenientes de cada opción
6. Pide ayuda. Conversa, contrasta, argumenta y discute con otros para incrementar tu nivel de claridad
7. Decide. Elige la actitud con la que vas a vivir en este ámbito (laboral y profesional)
8. Ejecuta. Vive, compórtate coherentemente con la actitud elegida
9. Vuelve a pedir ayuda. Cambiar es completamente posible y, frecuentemente, difícil. Buscar apoyo para garantizar que consigues hacer realidad tu elección
10. Celebra. Reconoce y felicítate por cada uno de los micro-logros que consigues. Son tuyos. Elige ser generoso, aunque sólo sea contigo mismo

Si este proceso no te resulta de utilidad contactar con un coach puede resultar una excelente elección.

Preguntas bonus para people managers

Si además eres un directivo, manager o formas parte del área de RRHH podría interesarte responder estas preguntas:

¿Cuántas personas del primer grupo creo que hay en mi empresa o departamento? ¿Qué responsabilidad tengo yo en esto? ¿Cuál es el coste de oportunidad de continuar no haciendo nada al respecto? Si no lo has calculado ¿por qué he elegido no calcularlo? ¿Tiene esto algo que ver con el ubicuo engagement? ¿Me incomodan estas preguntas? En caso afirmativo ¿qué es exactamente lo que me incomoda? ¿Quiero hacer algo al respecto?…

Auto-obsérvate: ¿alguna de tus respuestas ha sido victimista? En caso negativo te mereces un buen premio ¡Regálate una mariscada, ya!

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos horizontes sino en observarlos con una mirada renovada.” Marcel Proust-

Jaime Bacás, socio de Atesora Group y EXEKUTIVE Coaching.

Revista Talento septiembre octubre 2020 10 aniversario

Revista Talento 10º aniversario edición septiembre-octubre 2020

Al igual que en la vida o en las familias, en las organizaciones hay fechas importantes. Y hoy es una de ellas. Quizá ya lo sepas o quizá no hayas reparado en ello pero en Atesora Group ¡estamos de aniversario! En esta edición de Talento celebramos 10 años. Una década desde que, con mucho esfuerzo y una gran dosis de ilusión, fuimos pioneros con una publicación única en España sobre desarrollo organizacional.

Un  número tan importante y redondo de la revista Talento se merecía una edición especial así que hemos sacado toda la artillería para seguir haciendo lo que más nos gusta: escribir y continuar acompañando a profesionales y organizaciones en situaciones de cambio, desarrollo o transformación.

Jorge Salinas, presidente  y socio fundador del grupo, en la Editorial ‘REVOLUCIONANDO EL DESARROLLO DEL TALENTO. 15/10/0,5: Estos son nuestros números’ se para a reflexionar sobre la transformación de Atesora Group desde sus inicios a la situación actual manteniendo los principios conceptuales y metodológicos con el fin de que los profesionales tengan éxito profesional a través del Aprendizaje.

En el artículo de Jaime Bacás, socio fundador y alma mater de la revista en estos diez años, nos propone que respondamos a la pregunta ‘¿Trabajas o Consigues?’ y plantea varias reflexiones en función de las diferentes respuestas. Y tú, ¿qué has respondido? ¿Te mereces una mariscada?

El artículo de Miquel Pocurull utiliza un título de Epicteto ‘No es lo que te ocurre, sino cómo reaccionas a lo que importa’ para contarnos cómo conoció la Revista Talento y cuáles han sido los artículos que le han movilizado más en estos 10 años.
¿Cómo ha sido tu experiencia con la Revista? ¿Qué artículos han sido los más significativos?

El artículo de Miguel Labrador, ‘Estímulo vs. Causa: Vivimos lo que interpretamos’ desarrolla a partir del modelo S.P.E.C. la forma para comprender esta distinción y dónde podemos actuar como personas. ¿Quieres conocer este modelo? ¿Qué parte consideras que es la más importante?

En ‘¿Quién dijo miedo?‘, Iván Yglesias-Palomar establece paralelismos
entre las políticas de desarrollo en periodos de crisis y una de sus grandes aficiones: ¡las
películas de terror! ¿Te atreves a leerlo?

En estos momentos de cambios profundos desde Atesora Group te invitamos a adaptar las
competencias y las habilidades de tus colaboradores para conseguir el mayor éxito profesional.

¡No te la pierdas! Estamos seguros de que no te arrepentirás y, de paso, puedes alzar tu copa para brindar con nosotros por este cumpleaños tan especial. ¡Gracias por ser uno de nuestros lectores más fieles y por seguir ahí… 10 años después! ¡Por otra década llena de conocimientos, buenas lecturas y sobre todo, a vuestro lado!

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CREATIVIDAD

Pensamiento creativo: La creatividad, generadora de transformación

¿Cómo de familiar le resulta el siguiente escenario? La tecnología queda obsoleta en cuestión de meses, la competencia de los mercados es feroz, las empresas modifican sus planes estratégicos a corto plazo, una globalización imparable, la agresiva reducción de costes, la productividad y los resultados por encima de todo, mientras, en el día a día, ya nada parece seguro, estable y menos ahora después de la experiencia vivida en la pandemia del Covid-19. Dado este escenario, el entorno cambiante en el que nos movemos, y habida cuenta de que lejos de remitir puede ir a más, es cada vez más evidente lo necesaria que resulta la creatividad porque sin ella resulta extremadamente difícil avanzar, máxime si no logramos hacerla sostenible en el tiempo.

Apelar a la creatividad nos sitúa en otra perspectiva, en otro momento, en otro lugar … nos abre la posibilidad a transformar o generar nuevas realidades, valiosas y útiles que aseguren nuestro bienestar propio y, también común.

Mitos sobre la creatividad

Las teorías implícitas sobre la creatividad están presentes en todos nosotros y determinan nuestra forma de pensar y comportarnos en relación a la creatividad.

Estas teorías implícitas parten de un entendimiento popular que ha ido acumulándose y transmitiéndose de manera generacional y cultural y que muy difícilmente se renuevan pues son resistentes al cambio.

En determinados momentos de la historia han podido llegar a tener incluso más peso que las teorías científicas, ya sea por falta de estudios rigurosos o bien porque han sabido explicar de una manera muy útil y convincente una realidad social compartida, alguna inquietud importante o bien porque la persona que la construyó llegó a ser muy influyente en ese momento histórico.

Al centrarnos en la creatividad, y en cómo han influido las teorías implícitas, en su explicación no podemos olvidarnos de todas aquellas que se han centrado en los artistas, digamos con mayúsculas, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Picasso, Mozart, Beethoven, etc. y en su vida y descripción de cómo fue su historial creativo, se habla de don, de gracia, de espíritu romántico, son considerados como genios y todo esto se integró en lo que se puede llamar el inconsciente colectivo.

Tal es el caso de los mitos sobre la creatividad, en ocasiones tan arraigados, funcionan más como un lastre y como mandatos que nos impiden ya no solo ser creativos si no ni siquiera intentarlo, no dar ni el primer paso.

Algunos ejemplos de estos mitos son:

– La creatividad es algo de unos pocos.

– La creatividad es un don.

– El creativo tiene algo de loco.

– No se puede enseñar la creatividad.

– El creativo es un “iluminado”.

– Una idea creativa surge por generación espontánea.

Creatividad, cambio y transformación

Creatividad es darse el permiso para, dado el momento, pensar, sentir y hacer cosas de forma diferente. Sin juzgarlas, sin descartarlas de antemano, pensar, hacer y sentir diferente, probar y ver qué pasa… La creatividad es una actitud que tiene que ver con la disposición de querer ir más allá de lo conocido o aceptado, de creerse capaz de transformar la realidad o descubrir una nueva.

Como señalábamos antes, a lo largo de la historia se ha mantenido reducida la creatividad a algo propio de los genios, sin embargo, la creatividad es de todos. Es a todos a quien va dirigido nuestro artículo. Todos los seres humanos son creativos -en mayor o menor grado- siendo algo que se puede desarrollar y potenciar ya no solo para el beneficio personal sino para el beneficio común.

El pensamiento de que solo los genios son creativos es una idea reduccionista y nos atrevemos a decir que también, “resultadista” (aún a sabiendas de que de que este vocablo no está recogido en la RAE, creemos que nos sirve a efectos explicativos). ¿Por qué decimos esto?, porque quien piensa y dice eso solo está mirando el resultado, olvidando y dejando de lado una parte muy importante de la creatividad: el proceso.

El proceso creativo es un trabajo arduo para muchos (reconfortante para otros), que requiere de la puesta en marcha de nuestras mejores cualidades para desembocar en el mejor de los casos en algo que se pueda considerar creativo y en el peor de los casos (aunque dudamos que haya un peor de los casos) el proceso se quedará en un camino que ha merecido la pena recorrer y del que habremos obtenido un beneficioso aprendizaje. En otros casos, el camino recorrido puede servir para enlazar con uno nuevo que nos lleve al destino deseado (fenómeno de concatenación de ideas). Por tanto, ningún intento creativo cae en saco roto.

Visto así (y así lo vemos) iniciar el proceso creativo y darse permiso para recorrerlo merece la pena en sí mismo: “El viaje es la recompensa” (proverbio chino).

Recorrer el camino conlleva gestionar nuestra zona de comodidad en la que todos nos encontramos de una manera u otra. Cada uno tiene la suya, pero todas tienen en común que en ellas, nada crece, no se crea nada nuevo, ni hay aprendizaje. Este último se encuentra fuera de la zona de comodidad, sólo cuando nos atrevemos a dar un paso más allá de lo conocido, de lo cómodo, hay cambio y hay aprendizaje.

¿Qué tiene que ver esto con la creatividad?

El ser humano se encuentra en la disyuntiva de tener que elegir entre su instinto de conservación y su instinto de exploración. Cada una de estas elecciones cubre una necesidad, la zona de comodidad le sirve para cubrir su necesidad de autoconservación y seguridad mientras la zona de exploración cubriría su necesidad de aventura y descubrimiento. A simple vista, la primera elección parece la más segura y suele salir elegida frente a la segunda. Invitamos al lector a realizar la siguiente reflexión: ¿es la zona de comodidad la más segura?, ¿por cuánto tiempo? La zona de exploración nos ofrece la posibilidad de cubrir las dos necesidades. Un ejemplo, la sobreexplotación actual de recursos, a pesar de estar declarada como un problema a nivel mundial, al no afectarnos de manera inmediata, en exceso, no se toman las acciones pertinentes en los tiempos adecuados lo cual pone en riesgo nuestra necesidad de conservación.

Ciertamente, con el paso del tiempo, la zona de comodidad se puede ir ampliando, si bien, esta ampliación ha de ser una constante, una rutina porque lo nuevo con el paso del tiempo y la repetición pasa a ser lo conocido. Estos nuevos hábitos pasan a ser viejos hábitos, nuevamente rutina, así la zona de comodidad se amplía siendo imprescindible, una vez más, estar en constante cambio, en constante aprendizaje, en constante adaptación y como no, en constante creación y solo desde aquí podemos hablar de una disposición hacia lo creativo, hacia una nueva manera de mirar lo antiguo, lo conocido y por qué no o más bien, para qué no, convertirlo en una nueva manera de mirar el mundo que nos rodea. El reto es convertirse en un nuevo observador capaz de generar una nueva realidad. Esto es el motor de la creatividad.

Desde el punto del descubrimiento, la creatividad nos conecta con nuestros recursos, desarrollando nuevas actitudes, nuevas ideas, nuevas posibilidades. Soltar lo seguro y conocido, por lo posible.

Para todo esto, no vale más de lo mismo, es necesario cambiar, y para eso, aparte de compromiso, se necesita creatividad, nuevas maneras de mirar lo conocido, nuevas formas de estar en el mundo, de buscar, de crear y de realizar un proceso de transformación.

Lo seguro siempre fue una falacia, una invención que nos ayudaba a creer que controlábamos más de lo que lo hacíamos en realidad y, de repente, todo ha dado ha dado un giro, mostrando lo que antes solo veían unos pocos, el cambio es la única constante, siendo así, es imprescindible adaptación, adaptación en velocidad y para adaptarse hay que crear, lo de ayer hoy no vale, sin creatividad no podemos avanzar.

Todo lo tratado en este artículo implica un cambio cualitativo en la forma de afrontar el mundo en el que vivimos y nos empodera, haciéndonos más responsables de nuestra creatividad. Tanto la ciencia como nuestra experiencia nos dice que somos plásticos y flexibles, entonces ¿cómo no modificar?, ¿cómo no cambiar?, ¿cómo no ser más creativos para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos? La posibilidad de hacer que las cosas sucedan es una alternativa más y, en este caso, tiene que ver con la creatividad. Por supuesto, nada es de la noche a la mañana, se requiere de esfuerzo y constancia, estar en el lugar apropiado, reconocer el momento oportuno, sin olvidar el verdadero motor de la acción, la motivación, usando el verbo más potente que hay: QUERER.

Todo lo anteriormente comentado en este artículo puede quedar resumido en una sola frase del famoso novelista y ensayista francés Marcel Proust:

 “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en mirar con nuevos ojos”

Y tú, ¿te atreves a mirar con nuevos ojos?

Nuria Lorenzo, Coach Profesional Certificada por ICF, PCC