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Cinco Broches de Cierre para una Conversación de Mentoring

Sabemos, como hemos comentado en anteriores artículos, que el objetivo fundamental del mentoring como metodología de desarrollo es el de preservar, desarrollar y/o acrecentar el capital experiencial de una organización, entendido éste como una reserva de experiencia, conocimiento e información que atesoran el conjunto de individuos que la componen. Teniendo este objetivo en mente, es por lo que la relación de mentoring se articula fundamentalmente en torno al proceso reflexivo que el mentor facilita a su mentee a lo largo de sus diferentes etapas. Esto significa que una de las cosas que se estará haciendo a través del marco conversacional que sostienen mentor y mentee es ahondar en la Estructura de Experiencia/Conocimiento que ambos tienen, conectando nuevas reflexiones e insights fruto de esa conversación, con una renovada base experiencial.

¿Qué es una Estructura de Experiencia? A efectos prácticos, nuestras estructuras experienciales no son otra cosa que la particular configuración de supuestos, asunciones, paradigmas y/o creencias que conforman nuestro conocimiento, tanto de nosotros mismos como del mundo que nos rodea. En otras palabras, nuestro Modelo del Mundo, la manera específica con la que le damos significado a nuestras vivencias, está conformado por diferentes formas de articular y conectar aprendizajes con experiencias, constituyendo la base desde la que tomamos decisiones y emprendemos acciones para conseguir satisfacer nuestras necesidades.

Así que podríamos decir que la Estructura de Experiencia de cada individuo es tan única como sus huellas dactilares o la configuración de su iris, puesto que, como bien sabemos, no existen dos seres humanos que de forma idéntica construyan unos mismos patrones de conocimiento a partir de las experiencias que viven. Es precisamente sobre esta diversidad sobre la que se asienta la riqueza de la relación de mentoring, al poder -en potencia- aprender recíprocamente, tanto mentor como mentee, a partir de las diferentes maneras de estructurar sus experiencias.

Para que esto suceda de forma efectiva, sabemos que es fundamental que el mentor facilite continuamente la conexión de las reflexiones que se generan durante las conversaciones con los objetivos de aprendizaje y desarrollo del proceso. En caso contrario se convertiría en un mero ejercicio de intercambio intelectual y “filosófico” sin un sentido claro de dirección.

Muchos mentores noveles suelen pasar por alto este último punto, pues esperan que, por el mero hecho de haber intercambiado diferentes experiencias, reflexiones y/o consejos con sus mentees, será suficiente por sí solo para que “automáticamente” sepan cómo incorporar esa nueva información como conocimiento útil y operativo.

A menudo, cuando superviso el trabajo de nuevos mentores, me encuentro que suelen obviar la necesidad de hacer una adecuada conexión entre los insights generados durante la conversación y las Estructuras de Experiencia de sus mentees (así como las suyas propias). Es fundamentalmente al cierre de cada conversación -y también al cierre del propio proceso de mentoring- donde se revela necesario que el mentor facilite esas conexiones. De ahí la importancia de un buen cierre, ya que no importa lo significativo de las ideas que hayan surgido a lo largo del encuentro si éstas finalmente no se capitalizan.

En este sentido, quiero compartir algunas preguntas que a modo de “broches de cierre”, puede ser útil que el mentor formule a su mentee en la clausura de cada sesión. El propósito de estas preguntas no es otro que el de facilitar la creación de nuevas comprensiones que nutran y desarrollen la base experiencial de sus pupilos. De forma adicional, pretenden que el mentee incremente su consciencia acerca de cómo aprende lo que aprende, siendo uno de los meta-aprendizajes más útiles que pueden desarrollar a lo largo de la relación de mentoring.

Finalmente, la forma en la que están planteadas persigue reforzar el sentido de responsabilidad del mentee con respecto a su proceso, responsabilidad que es fundamental que en ningún momento desplace hacia su mentor o hacia la propia organización. Advertir al lector que el orden de las mismas no es necesariamente rígido, pudiendo en diferentes momentos volver sobre alguna de las preguntas planteadas con el propósito de construir nuevos significados.

 La primera y más sencilla de las cuestiones que es útil realizar de forma sistemática al cierre de toda sesión es “¿Qué has aprendido de este encuentro?”.  A pesar de ser una pregunta básica, muchos mentores pasan por alto la importancia de hacerla de forma sistemática. A veces por temor a que les den una contestación no deseada para su ego, y otras porque piensan que lo que sus mentees les digan lo hacen para “regalar sus oídos”. Pero lo cierto es, que no es una pregunta genérica destinada a recibir feedback sobre su competencia como mentores, si lo han hecho bien o mal, sino que es necesaria para que sus mentees organicen la miríada de pensamientos, reflexiones e inquietudes que habrán surgido de forma desorganizada durante su proceso conversacional. Si no se toman el tiempo necesario para estabilizar esa nueva información, es muy probable que no la conviertan en un conocimiento relevante para su día a día.

Nunca hay que subestimar la importancia de tomar el tiempo necesario para poder dar respuesta a este interrogante, por aparentemente “pequeño” o insignificante que haya sido el potencial aprendizaje. No hay que olvidar que el mentoring busca en todo momento que tanto mentores como mentees sean capaces de desarrollar su Capital experiencial, y para ello se requiere la costumbre de volver una y otra vez sobre las experiencias que han acontecido para extraer aprendizajes de ellas.

Es pertinente que al formular esta pregunta el mentor facilite diferentes posiciones perceptivas desde las que el mentee pueda chequear su conocimiento. Algunas posibles áreas de exploración podrían ser: “qué has aprendido de esta conversación en relación a la organización, qué has aprendido en relación a ti mismo/a, qué has aprendido de esta(s) situación(es), qué has aprendido de mí como mentor, de otros, etc. Las posibilidades de exploración en este sentido son enormes. A veces, es difícil extraer un aprendizaje desde un determinado encuadre de pensamiento, pero el simple hecho de facilitar un cambio de perspectiva permite atender a algo que inicialmente estaba fuera del umbral de nuestra consciencia.

 Otra pregunta relevante que puede ser oportuno hacer al cierre del encuentro es ¿Qué te ha resultado más fácil/difícil?” Una de las finalidades que cumple es la de conectar con potenciales fortalezas y/o áreas de mejora que el mentee pudiera experimentar. Una vez más, deberíamos de relacionar esta información con un aprendizaje concreto, así que la pregunta “¿Qué puedes aprender del hecho de que esto te haya sido fácil o difícil?” se convierte en una reflexión igualmente apropiada para no perder la oportunidad incrementar la autoconciencia del mentee en cuanto a sí mismo/a.

 “¿De qué nuevas posibilidades dispones ahora?” El objetivo de esta comprobación es establecer un “puente al futuro”, obligando al mentee a pensar en las nuevas opciones que pudieran estar disponibles. Este tipo de preguntas, encaminadas a conectar aprendizajes con posibles acciones futuras, facilita desarrollar la debida creatividad al tiempo que refuerza la responsabilidad del mentee sobre la dirección de su propio proceso. El mentor aquí puede sugerir, mediante un adecuado feedforward, algunas alternativas que al mentee se le pudieran estar pasando por alto, pero siempre es útil que esa aportación sólo se realice una vez que el proceso reflexivo del mentee parezca agotado.

 “¿De qué forma esto contribuye a avanzar en tus objetivos/necesidades?” Hemos dicho que, para evitar un fútil ejercicio intelectual, cada nueva reflexión y/o aprendizaje deberían de estar relacionados con los objetivos y metas del mentee. Ayudarle a reconectar una y otra vez con éstas es importante si no queremos quedarnos a la deriva en algún momento del proceso. Esto no significa que los objetivos no puedan evolucionar a medida que la relación de mentoring lo haga, sino que siempre deberán de mantenerse como patrón de referencia y medida de la eficacia de las conversaciones mantenidas.

5º “¿Cómo lo sabes?” Probablemente ésta última pregunta (que no necesariamente se ha de formular como la última) es la más infrecuente en los mentores noveles que he acompañado. A veces, porque sienten que están preguntando algo obvio y que aporta poco valor al proceso reflexivo; y otras, porque dan por supuesto que sus mentees conocen la respuesta. Sin embargo, las preguntas acerca de cómo alguien sabe lo que sabe nos permiten hacer una “exploración epistemológica” tremendamente útil para cuestionar, actualizar y/o renovar nuestras inferencias y juicios, algo que, de por sí, constituye una de las bases del proceso reflexivo en mentoring. La única manera de enriquecer nuestras Estructuras de pensamiento es revisar cómo hemos llegado a construir en algún momento ese conocimiento, facilitando nuestro proceso de aprender a aprender. Es útil que este tipo de preguntas no sólo se formulen necesariamente al final de una conversación, sino en todo momento en el que el mentor crea que puede ser beneficioso para el mentee revisar sus supuestos de pensamiento.

Como seres humanos vivimos muchas más experiencias de las que somos conscientes pasando transparentes para nosotros y perdiendo, en consecuencia, la oportunidad de aprender sistemáticamente de ellas. El mentoring, en cuanto a metodología de desarrollo, persigue precisamente implantar ese “hábito” de aprender continuamente de nuestras vivencias generando nuevo conocimiento a partir de ellas. No hay seminario o master más completo y mejor diseñado que el “master de nuestra vida”, y a menudo pasamos por ella sin participar muy activamente en aquello que nos hace particularmente humanos: nuestra capacidad de dar sentido y aprender de nuestras propias experiencias y del mundo que nos rodea.

Miguel Labrador. Director de Desarrollo Directivo de Atesora Group e International Mentoring School (IMS).

  

Formación & Aprendizaje

Formación vs. Aprendizaje

Aunque me viene a la cabeza Camilo José Cela, no estoy seguro de si fue él quien definió la cultura de una persona como “los posos que quedan después de haber olvidado lo que un día aprendimos”. Si no fue él el autor de la cita, mis disculpas al legítimo propietario.

Tirando un poco más de la madeja, yo sustituiría “lo que un día aprendimos” por “lo que un día trataron de enseñarnos”… Y, siendo un poco más crítico aún, añadiría “…sin que nos interesase para nada”.

Piénsalo por un momento. ¿Cuántas horas de tu vida te has pasado en un aula, incluyendo colegio, instituto, universidad, formaciones complementarias, cursos técnicos o de idiomas, etc.? Difícil hacer el cálculo, ¿verdad? Pero han sido muchísimas, y casi con seguridad me quedo corto.

Continuemos. Imagínate que la suma de todos los datos que algún día estudiaste o alguien trató de hacerte aprender -disciplinas, técnicas, métodos, reglas de oro, frases famosas, biografías, hechos históricos, fórmulas matemáticas, físicas o químicas, lengua, literatura, datos geográficos, filosofía, arte y un larguísimo etcétera- sumasen una cantidad cualquiera, digamos que 1.000. Eso significa que tu cultura potencial sería de 1.000, ¿verdad?

Muy bien. Si ahora sumas imaginariamente lo que recuerdas de todo ello; pero no vaga o anecdóticamente, sino lo que interiorizaste y conservas dentro de tu bagaje de conocimientos y/o habilidades; si lo sumases, decíamos, ¿qué número crees que saldría? -Recuerda que el máximo es 1.000-.

No hace falta que te tortures mucho. A no ser que seas de esas personas que hacen del estudio un fin en sí mismo -sin llegar a padecer el síndrome del eterno estudiante-, el número que habrás obtenido será, con toda probabilidad, muy bajo. ¿Un 10/1.000? ¿Un 100/1.000? Da igual. La proporción entre lo que podrías haber aprendido y lo que en realidad aprendiste es siempre, salvo contadísimas excepciones, muy baja.

¿Cuántas veces en tu vida has tenido que hacer una derivada? ¿Y una raíz cúbica? ¿Y un análisis sintáctico de una oración? ¿Eres capaz de recordar dónde se encuentra la estatua ecuestre del Condottiero Gattamelata, y quién es el autor de la misma? ¿Sabrías decir cuáles son los afluentes principales del Tajo desde el norte? ¿Qué fue y cuándo tuvo lugar el bienio progresista español? ¿Cómo definirías una sinéresis? ¿Qué utilidad tiene un logaritmo neperiano? ¿En qué sistema cristaliza el olivino?

Si has sido capaz de responder a dos de estas preguntas sin tirar de Google, se me ocurre que ha podido ser por una de estas razones:

1. Tienes memoria fotográfica
2. Eres una persona bastante culta
3. Alguna de estas temáticas despertó tu interés en algún momento de tu vida y, en consecuencia, le pusiste un plus de atención
4. Eres el bicho más raro de todo el grupo de amigos
Pero la que se me antoja más probable es:

5. Tu profesión o actividad diaria tiene que ver con esa cuestión, y, en consecuencia, trabajas con frecuencia o al menos ocasionalmente en ella

Y ésta es la clave del presente artículo: la notable diferencia entre asistir a un curso, taller, ponencia o evento de cualquier tipo e interiorizar algún aprendizaje a partir de ello.

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¿Has oído hablar en alguna ocasión de Hermann Ebbinghaus? Pues fue un filósofo y psicólogo alemán del siglo XIX, uno de los pioneros en estudiar la “Curva del Olvido”, modelo que habla de la pérdida natural de retentiva de las personas; en otras palabras, trata sobre la facilidad con la que el cerebro tiende a eliminar aquellos recuerdos que le resultan superfluos, absurdos o innecesarios. Una de las conclusiones a las que llegó Ebbinghaus en una serie de interesantes experimentos, -en los que con frecuencia era él mismo el sujeto investigado, y que se basaban en la repetición sistemática de poesías y sílabas sin sentido para ver hasta qué punto se relacionaban la memoria y la retentiva con la reiteración mecánica de un concepto-, es que la Curva del Olvido tiene una pendiente muy pronunciada -se olvida con mucha facilidad- cuando se memorizan conceptos que carecen de sentido para el sujeto; sin embargo, cuando dichos conceptos le resultan interesantes, especialmente en situaciones emocionalmente importantes -desde traumas hasta acontecimientos señalados-, la curva se vuelve casi plana; es decir, el recuerdo se fija de forma prácticamente perfecta. Por ejemplo, probablemente te resulte difícil recordar qué ropa llevabas puesta el 16 de noviembre del año pasado; pero si ese día se casaba tu única hija, lo recordarás con total seguridad.

Y esta curva, que desde los ímprobos desvelos del buen Ebbinghaus fue rebautizada con su nombre, es la clave de por qué las organizaciones desperdician enormes cantidades de recursos intentando que sus colaboradores adquieran hábitos nuevos o desarrollen habilidades distintas a las que tienen en ese momento sin conseguirlo. Y ello se debe a dos razones fundamentales:

1. No tienen en cuenta la opinión, gustos, fortalezas, etc. del propio colaborador en el co-diseño de su aprendizaje
2. No son capaces de estimular -yo diría “enamorar”- al colaborador, generando esa “milla extra” de interés y esfuerzo necesarios para integrar el aprendizaje

Así que la única forma de garantizar hasta cierto punto la fijación de lo aprendido es la repetición “on the job” de la técnica correspondiente hasta convertirla en un hábito; pero ya sabemos por la Curva de Ebbinghaus que la reiteración de conceptos que carecen de sentido para el individuo no es sinónimo de integrar el aprendizaje; simplemente mecaniza la tarea. Esto puede resultar suficiente cuando se trata de una formación técnica, que se va a ejecutar una y otra vez sin grandes cambios ambientales; pero es del todo deficiente cuando hablamos de cambio conductual.

Un ejemplo más de las nefastas consecuencias de seguir aplicando técnicas pedagógicas (educación de niños) en lugar de andragógicas (educación de adultos) en la capacitación de los colaboradores.

Uno de los principios andragógicos nos expone que: “El adulto responde a algunos motivadores externos (mejora en las condiciones laborales, económicas, etc.), pero los motivadores más potentes son las presiones o aspiraciones internas (satisfacción personal, autoestima, desarrollo de un proyecto atractivo, etc.)”

Podemos ignorar estos principios al desarrollar planes de formación o desarrollo, pero sus consecuencias se dejarán ver en los resultados, nos guste o no. Como prueba, y aunque las cifras son muy difíciles de contrastar y verificar, se habla de retornos de inversión (ROI) de un 10 a un 15% en el caso de la formación convencional en las empresas, mientras que al aplicar otras técnicas andragógicas, tales como el coaching o el mentoring de implantación, se puede llegar a alcanzar cifras del 500 al 600%.

En próximos artículos profundizaremos acerca de técnicas y procedimientos que ayuden a las organizaciones a maximizar los resultados esperables a partir de sus acciones de desarrollo, facilitando la fijación de aprendizajes en los colaboradores.

 
Iván Yglesias-Palomar, Director de Desarrollo de Negocio de Atesora Group.

Revista Talento noviembre y diciembre de 2017

Revista Talento, edición de noviembre y diciembre

Ya tienes a tu disposición la última edición de la revista Talento Nov-Dic

En ella encontrarás, entre otras informaciones y noticias sobre las presentaciones de nuestros servicios, los siguientes contenidos:

Estamos inmersos en una grave crisis… de liderazgo es el editorial de Jaime Bacás que muestra el empeoramiento preocupante de los datos, tendencias y conclusiones publicados por el 2017 Edelman Trust Barometer, la mayor encuesta mundial sobre la confianza en las instituciones empresariales, gubernamentales, medios de comunicación y ONGs, realizada en los principales 28 países del globo.

Mentoring al Mentor: supervisión y acompañamiento individual en el proceso de mentoring es el artículo de Miguel Labrador en el que señala la relevancia que en la efectividad de la relación tiene la mentorización al propio mentor, especialmente durante las primeras experiencias de éste en su nuevo rol.

En ¡¡BASTA!! Iván Yglesias comparte con el lector, desde una posición de vulnerabilidad, una vivencia emocionalmente intensa y reciente. También cómo la aplicación de una de las herramienta que utiliza en sus talleres (B.A.S.T.A.) le ayudó en esos momentos tan singulares y, finalmente, le sirvió para transformar su vivencia (lo que pasó) en una experiencia (lo que aprendió y le servirá en el futuro).

Cuál es el rol de la alta dirección en mentoring es el artículo de Jaime Bacás que comienza así: “Esta tarde todas, repito, todas las personas que conforman tu organización la abandonan. Mañana por la mañana todas ellas han sido remplazadas por otras que ocupan sus puestos. Así que mañana es el primer día de trabajo para todos ellos, desde la dirección general hasta los becarios. Todos son novatos”. Una forma de visualizar y valorar el Capital Experiencial de la organización y la responsabilidad de la alta dirección en su preservación, difusión y crecimiento, así como su estrecha relación con los resultados de la misma.

Desde Atesora Group te deseamos que cada día transformes una vivencia en una experiencia y… que elijas hacer de hoy un día maravilloso. Si lo piensas bien ambos deseos sólo depende de ti para hacerse realidad.
 
Te dejamos el link a la revista Talento edición noviembre – diciembre.

Revista Talento mayo 2017. Coaching, mentoring, desarrollo organizacional, liderazgo, formación...

Nueva edición de la Revista Talento, mayo 2017

Ya tienes a tu disposición la última edición de la revista Talento May-Jun

En ella encontrarás, entre otras informaciones y noticias sobre las presentaciones de nuestros servicios, los siguientes contenidos:

Jaime Bacás
, en el editorial “Jim Rohn, gracias por tu legado”, rinde homenaje al filósofo del aprendizaje personal y de la motivación, señalando que “los resultados que te propones conseguir no pueden ser alcanzados por la persona que eres ahora, es decir, por la persona que posee las habilidades, actitudes y mentalidad de que dispones hoy… serán alcanzados por la persona que haya conquistado las habilidades, actitudes y mentalidad que demandan esos resultados… y una vez que las hayas incorporado el resultado u objetivo será simplemente atraído por la persona en la que te has convertido.

En “Más allá del laberinto: mentoring para la gestión del cambio”, Miguel Labrador aborda la necesidad de aprender a aprender desde la perspectiva de la promoción de culturas en las que no se penalice el error y, en su lugar, se fomente la experiencia (tanto buena como mala) como oportunidad de aprendizaje. Miguel señala cómo la implantación de una cultura de mentoring abre un espacio para reflexionar, revisar, cuestionar y actualizar nuestra comprensión y experiencia, revelándose como uno de los enfoques más efectivos para gestionar y relacionarnos con entornos cambiantes.

“Aprender a aprender ¿Competencia crítica o necesidad estratégica?” es la reflexión que Jaime Bacás te invita a realizar para que establezcas la relevancia que esa disposición significa para ti -y tu organización- en la galaxia VUCA en la que ya habitas. Comienza clarificando la distinción entre aprender y enseñar/educar, aún tan confusa para tantos. Introduce la curva de adopción de Everett Rogers para facilitar la toma de consciencia de la cuantía de la ventaja competitiva que quieres adoptar frente a tus competidores. Y te plantea diez preguntas que pueden ayudarte a diseñar tu mapa de ruta. El final del artículo puedes sentirlo apremiante.

“Creciendo con el coaching” es la aportación de Iván Yglesias que completa la de la edición anterior (Liderazgo y Madurez). Iván describe e ilustra cómo un manager puede transformarse en un Líder-coach 232 ®, ése que entiende que la razón principal por la que está en nómina es la de desarrollar a sus colaboradores cada día del año (un año tiene 232 días laborables) para que alcancen sus resultados de forma efectiva y, sobre todo, sosteniblemente. Las herramientas que utiliza el Líder-coach son sencillas y de fácil adquisición, como por ejemplo el modelo conversacional GROW.

Desde Atesora Group te deseamos una transición de la primavera al verano plena de felicidad y éxito y, más específicamente… que elijas hacer de hoy un día maravilloso. Si lo piensas sólo depende de ti.


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MINItaller de Shadow Coaching para mejorar habilidades directivas de los recursos humanos de tu organización

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Aprende a desarrollar las habilidades no entrenables mediante la formación tradicional

Te invitamos a la presentación del MINItaller “Shadow Coaching- Mejora tu juego en la propia cancha”.

Nuestro objetivo al diseñar este taller es “proporcionarte herramientas prácticas para desarrollar, tanto en ti como en tu equipo, las capacidades específicas de esa área de trabajo. Aquellas que no son aprendidas a través de la formación técnica, como la flexibilidad, la adaptabilidad o la tolerancia a la frustración entre otras.”

Por ello hemos desarrollado este taller-presentación en abierto, práctico y gratuito para que experimentes las herramientas, sus resultados y la metodología apropiada en primera persona.

Te enseñaremos a cómo utilizar esta técnica en ti mismo y en los demás. Para que compruebes los beneficios de extrapolarla a cualquier equipo de trabajo en tu empresa.

 

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