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Última edición de la Revista Talento 2018

Última edición de la Revista Talento 2018

Estos son los últimos artículos de la Revista Talento que hemos seleccionado para ti:

La persona que tiene el máximo poder en tu empresa es… el cliente es el editorial de Jaime Bacás en el que identifica el reto principal en el desplazamiento continuado del modelo de venta transaccional al consultivo: la gran dificultad del cambio de actitud del comercial y las palancas que lo minimizan.
¿Estás de acuerdo con Jaime?

Encuadres Conversacionales en Mentoring: Investigando los Objetivos del Mentee de Miguel Labrador ilumina de nuevo un elemento crítico -frecuentemente ignorado- del mentoring: la estimulación de la reflexión por parte del mentor en el mentee.
¿Cuán efectivo te parece el modelo de “Los cuatro pasos para investigar el hacer-conseguir”?

¿Cuánto vives cada día? es el artículo de Jaime Bacás que, como el anterior, conviene que leas pausadamente. Posiblemente el resumen más acertado coincida con su párrafo final: “Observa que existen dos momentos cada día en los que no puedes hacer nada. Uno se llama antes y el otro después. Por lo tanto ahora es el momento oportuno para hacer y amar. Puedes llamarlo vivir”.
¿Eres realmente consciente de cuánto vives cada día?

Desde Atesora Group te invitamos a vivir un poco más cada día. La herramienta se llama auto-consciencia. Los coaches la trabajamos y desarrollamos continuamente para cumplir nuestra función, que es estimularla en ti para que elijas con mayor claridad la persona que quieres ser y encuentres, y uses, los recursos que necesites para llegar a serlo.

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revista talento septiembre octubre 2018. atesora group

Revista Talento, edición de septiembre-octubre 2018

Ya tenemos para ti la edición de septiembre y octubre de la Revista Talento

Esta edición viene cargada de los siguientes artículos:

La lección aprendida de este verano es el editorial de Jorge Salinas que subtitula “El talento tiene poco que ver con el saber” y en el que comparte como ha ido construyendo su consideración sobre la naturaleza del talento. El último elemento que ha descubierto y que “da consistencia a la salsa” es la pasión. Casi al final te propone un desafío… del que un personaje muy conocido diría “un desafío, muy desafío, mucho desafío”. ¿Te atreves a aceptarlo?

Los dos campos de juego del mentor efectivo: contextos conversacionales en mentoring de Miguel Labrador contiene una de las respuestas principales a tu pregunta o inquietud acerca de ¿por qué es tan poco efectivo mi programa de mentoring? o ¿cómo podría incrementar su efectividad? No nos parece nada exagerado afirmar que su lectura es muy recomendable para los mentores y, mucho más aún, para los responsables de diseñar estos programas.

¿Para qué ser coach, si no voy a ser coach? es la reflexión de Iván Yglesias-Palomar acerca del propósito que moviliza a algunas personas a capacitarse en esta disciplina y de los beneficios que promueve en ellas que van mucho más allá del ejercicio de una profesión. Es frecuente escuchar entre las personas que han experimentado ese viaje la palabra transformación o como concluye Iván, “un modo de vida”.

Confianza y mentoring es el artículo de Jaime Bacás que señala a la confianza como factor crítico para el éxito de la relación de mentoring, identificando los tres vectores principales que la construyen y robustecen. La pregunta para los diseñadores de los programas de mentoring empresarial es ¿cómo garantiza mi diseño el afloramiento de la confianza entre mentee y mentor? y otra más difícil ¿cómo lo mido? para los que creen que sólo se puede mejorar lo que se puede medir… y sólo se puede medir lo que se puede observar.

Desde Atesora Group confiamos en que tus vacaciones hayan sido placenteras y te damos la bienvenida en el retorno a las ocupaciones habituales que has elegido. Por eso te invitamos a disfrutar con ellas.

Recuerda que disfrutar o sufrir por las cosas que pasan en tu vida es una elección que sólo depende de la interpretación que tu hagas de ellas.

Y si no lo tienes claro… habla con un coach, ya.

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Estamos inmersos en una grave crisis… de liderazgo. Coaching.

Coaching y tu mina de oro

Cuando Andrew Carnegie (1.835-1.919) emigró con sus padres desde Escocia no era más que un pobre chaval que se empezó a ganar las lentejas haciendo todo tipo de trabajos y llegó a convertirse en el mayor fabricante de acero y la persona más rica de EEUU. En una época en la que ser millonario era algo muy infrecuente Carnegie llegó a tener a 43 millonarios trabajando para él.

Un periodista le preguntó cómo había contratado a 43 millonarios y Andrew le respondió que no lo eran cuando empezaron a trabajar con él pero llegaron a serlo como resultado de ello. El periodista repreguntó: ¿cómo los ha desarrollado para que llegaran a ser tan valiosos que tuviera que pagarles tanto como para hacerse millonarios? Carnegie respondió que lo hizo de la misma manera que se extrae el oro de una mina. Para conseguir una onza de oro es necesario separarlo de entre varias toneladas de roca y uno no entra en la mina para buscar rocas sino el oro.

Existe una gran cantidad de jefes que parecen estar sentados sobre una montaña de oro y sin embargo se sienten pobres porque desconocen como extraer el oro contenido en sus colaboradores.

Coaching es la forma de extraer ese oro de tu equipo.

Un líder inspirador es aquel que lidera a sus colaboradores con habilidades de coaching para que lleguen a ser mejores personas y, de esa forma, puedan impactar de forma similar en otras. El desarrollo del individuo funciona de dentro a fuera (no al revés) por eso el líder inspira principalmente desde su ejemplo y desde la pregunta, no desde la palabra y menos aún desde la orden o instrucción.

El coaching y el liderazgo basado en coaching (Líder-coach 232®) son disciplinas en continuo crecimiento porque son efectivas, y lo son por estar fundamentadas en los principios del aprendizaje de adultos, Andragogía, frente a los modelos pedagógicos convencionales. El retorno a la inversión es elevado.

Desde Atesora Group te deseamos que aproveches tus vacaciones para recargar energía, disfrutar con tu familia y amigos, practicar tus aficiones y, tal vez, dedicar unos minutos a pensar si eres la persona que quieres ser. Si lo eres ¡enhorabuena! y si todavía no busca un coach a tu vuelta.

Ah! Por cierto, nosotros somos coaches…

Jaime Bacás, socio de Atesora Group e International Mentoring School.

Revista Talento de Atesora Group

Revista digital Talento, edición de verano

Ya tenemos para ti la edición de verano de la Revista digital Talento

La Revista digital Talento de julio y agosto viene cargada de los siguientes artículos:

Coaching y tu mina de oro es el editorial de Jaime Bacás que se apoya en una entrevista a Andrew Carnegie, un emigrante que llegó a convertirse en el hombre más rico de EEUU de su tiempo, para señalar que “un líder inspirador es aquel que lidera a sus colaboradores con habilidades de coaching para que lleguen a ser mejores personas y, de esa forma, puedan impactar de forma similar en otras…”

Con el título Del santo grial de la motivación, Miguel Labrador aborda este elemento crítico en el mundo empresarial y afirma que “cada persona es dueña de su propia motivación, y a lo máximo que podemos aspirar como managers, coaches o mentores que dirigimos y desarrollamos personas es a entender cómo la llegamos a construir, con la idea de ser más efectivos en nuestra capacidad para participar e influir activamente en su generación.”. ¿Deseas conocer cuáles son los “ladrillos y el cemento” con los que se edifica… y cuál es el contenido de nuestra motivación y cómo la estructuramos?

En Tienes derecho a ser asertiv@ Iván Yglesias-Palomar realiza un abordaje clarificador a esta habilidad relacional crítica –más bien un derecho, afirma- tan necesaria como desconocida y mal practicada. Si quieres un tratado concentrado sobre asertividad no puedes dejar de leer este artículo… y si, como consecuencia de ello, lo consideras un derecho personal será muy probable que elijas ponerlo en práctica… y tu vida cambiará.

El pecado original del mentoring en España es el artículo de Jaime Bacás en el que identifica cual es el origen o causa principal de que la efectividad de los programas de mentoring que se realizan en nuestro país sea colosalmente mejorable. El lector interesado en esta herramienta tan potente y eficaz en el desarrollo de personas, es decir, en la preservación y potenciación del Capital Experiencial de tu organización, es probable que se sorprenda al conocer la simplicidad de los dos elementos que conforman ese pecado original.

Desde Atesora Group te invitamos a dedicar once minutos y ocho segundos de tus vacaciones, tan cercanas ya, a responderte reflexiva y honestamente esta pregunta: ¿cuál quiero que sea el propósito de mi vida? Cuando hayas escrito la respuesta -sí, sólo puede funcionar si la escribes- pregúntate un escueto “¿para qué quiero… (añade el propósito que has escrito)”. Escribe –sí, escribe- esa nueva respuesta debajo de la anterior y pregúntate varias veces más “¿para qué quiero … (añade cada vez tu última respuesta)? Sabrás perfectamente cuando has acabado este ejercicio.
¡Ojo! ¡Importante! La pregunta es “para qué”, no por qué.

Si no te ha servido para nada no te enfades ¿No crees que once minutos y ocho segundos de tus vacaciones es una inteligente inversión para poder descubrir o confirmar lo que realmente quieres?
A algunas personas este simple ejercicio les ha cambiado su vida… a mejor, claro.

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Pero ¿qué es la asertividad? - Coaching

Pero ¿qué es la asertividad?

No sé cuántas veces, en los últimos diez o quince años, he escuchado hablar acerca de la asertividad. Creo que si hay una palabra recurrente en cualquier taller de desarrollo, teambuilding o encuentro motivacional, es ésa. Y tan mencionada es la palabra como ignorado su significado preciso.

Una dinámica muy utilizada para el caldeamiento de un taller es poner a los participantes en la tesitura de elegir cuál es la característica que más les gustaría que tuvieran sus colaboradores, si decidieran seleccionarlos personalmente para formar parte de un proyecto personal e ilusionante. Entre otras muchas –compromiso, confianza, pasión, buen humor, etc.- suele salir la asertividad; e, invariablemente, suelo preguntar al grupo qué entienden por ese concepto.

Lo que me encuentro entonces suele ser una de estas respuestas:

– Algunas personas confunden asertividad con empatía, que tiene que ver con pensar y sentir como lo hace la otra persona. Error. La empatía forma parte de ella, pero no es la asertividad.
– Otro grupo, quizás el más abundante, suele describirla como “saber decir no”. Y en parte es verdad, pero ser asertivo también puede ser saber decir “sí”, o hacer una petición incómoda, por ejemplo.
– Y otras personas han oído hablar de ella, pero son incapaces de dar una definición razonablemente precisa.

¿Por qué, a diferencia de otras habilidades o conductas, la asertividad es tan poco conocida a pesar de ser tantas veces mencionada? Probablemente por uno de estos dos motivos:

– Porque no es una técnica, ni una herramienta, ni un truco. Se trata más bien de un derecho -aclararemos esto en otro artículo-.
– Porque una definición precisa de asertividad es muy compleja; de hecho la más aceptada –en esto, como en todo, hay opiniones- consta de ocho ingredientes, siendo la carencia de alguno de ellos suficiente para que ya no podamos hablar en justicia de una comunicación asertiva.

Y entonces, ¿qué hacemos?

Pues empezar desde el principio, que resulta ser el comportamiento del ser humano cuando se siente amenazado. Y ya advierto que alguna de estas cosas se entiende mucho mejor desde un documental de antropología que desde los libros de management.

Las personas, al igual que el resto de los animales, guiamos instintivamente nuestros actos a partir de dos principios elementales: buscar el placer y evitar el dolor. Con respecto a este último principio, es cierto que la evolución nos ha dotado en los últimos cientos de miles de años de los mecanismos de la racionalidad, que nos permiten evaluar las situaciones, prevenir los riesgos, calcular posibilidades y sopesar beneficios a partir de una situación poco placentera; por eso un opositor se tira años memorizando un temario soporífero –actividad nada agradable en sí misma, como vimos en el pasado artículo sobre la curva de Ebbinghaus, por la esperanza de alcanzar una profesión respetable, segura y bien remunerada. Pero el instinto, mecanismo muy primario y visceral, sigue pilotando en gran medida nuestras acciones cotidianas.

¿Y cuál es la llave que hace que una situación amenazante se gestione desde nuestra parte racional o desde nuestro yo más primitivo e instintivo? Muy sencillo: el miedo. La violencia, sea tácita o explícita, activa inconscientemente nuestras respuestas defensivas primarias; porque eso es lo que el cerebro aprendió a hacer millones de años atrás para mantenernos vivos y a salvo de accidentes o ataques de depredadores.

Y las respuestas defensivas primarias son tres:

– Huir, cuando nuestro cerebro estima que no puede enfrentarse con éxito a la amenaza (por ejemplo, si nos sorprendía un leopardo o una inundación)
– Atacar, cuando las posibilidades de salir vencedor en un enfrentamiento son altas, o al menos aceptables (por ejemplo, si nos amenaza un gato furioso puede ser más aconsejable tirarle una piedra o amagar con un palo antes de que nos ataque; o esa manía que tenemos de matar a una araña o pisar a la pobre cucaracha que se ha cruzado con nosotros en una acera)
– Quedarnos paralizados, cuando nuestro cuerpo se “hace el muerto”, respuesta muy útil en situaciones altamente estresantes en las que no funcionaría ni huir ni atacar (como puede ser encontrarnos con un escorpión o una serpiente, que son mi veces más rápidos que nosotros). Como la parálisis está muy asociada a la huida, la ignoraremos en esta explicación.
Cabría suponer que, aunque todo esto es válido desde un punto de vista biológico, a día de hoy no nos vamos encontrando con leopardos hambrientos y poca gente se enfrenta a gatos furiosos. Sin embargo, todos tenemos que lidiar a diario con situaciones desafiantes, ya sean laborales o personales, y relacionarnos con sujetos más o menos desagradables para nosotros. Con las relaciones llegan los conflictos, y, aunque el riesgo para nuestra vida o integridad suele ser muy ocasional, nuestro sistema límbico se siente igual de amenazado que hace millones de años, y, por lo tanto, tiende a responder de igual modo que entonces, aunque la gravedad de la amenaza sea objetivamente incomparable.

Y aquí llega lo que nos interesa. Si al sentirnos agredidos tendemos básicamente a reaccionar desde dos polos, atacar o evitar la amenaza, ¿cuál de las dos respuestas sería mejor, o más conveniente, si tuvieras un conflicto mañana mismo en tu empresa u organización?

Cuando hago esta pregunta en los talleres que facilito, la respuesta más habitual que escucho es “depende”. Es cierto que hay empresas o áreas donde proliferan los perfiles algo más arrolladores, y otras donde se prefiere a la gente tranquila -por no decir sumisa-. Pero la mayor parte de la gente tiende a pensar que, dependiendo de la situación, será conveniente actuar un poco más incisivamente o tomando mayor distancia.

Y, aunque natural, esa respuesta es un error. No depende de nada, ambas reacciones son igual de poco prácticas y contraproducentes. ¿Por qué? Piénsalo un poco. El ataque está biológicamente diseñado para hacer daño, y no parece muy inteligente causar daño a alguien con quien mañana tienes que volver a alinear esfuerzos. Y si huyes, también haces daño. ¿A quién? A ti, a tu autoestima y a tu ego. ¿O es que nunca te has sentido mal por no haber sabido decir “no” a tiempo? Pues ya sabes a qué me refiero.

¿Te imaginas que hubiera un punto intermedio, justo a la misma distancia de atacar que de huir? Un punto que te permitiera mantener una posición firme pero neutra, algo así como: “No quiero hacerte daño, pero no voy a dejar que me lo hagas tú a mí”. Sería magnífico permanecer en él, ¿verdad? Porque te permitiría manejar situaciones de confrontación sin resultar agresivo para el otro -lo que desactivaría su necesidad animal de defenderse-, y, al mismo tiempo, te ayudaría a proteger tus derechos sin pasar por la horrible sensación de haber sido avasallado o pisoteado.

Pues ese punto existe, y le llamamos “ASERTIVIDAD”. Viene del latín “asertum”, que significa “firme”. Como dije antes, no es una técnica, ni una herramienta. Es más bien una posición existencial, un derecho a actuar en la vida de forma firme, adulta, resolutiva pero emocionalmente controlada. Y todos podemos usar este derecho, si bien hay poca gente que nazca asertiva. El resto hemos tenido que aprenderlo.

Ser asertivo tiene muchos beneficios, algunos directos y otros colaterales. Mejora mucho la calidad de las relaciones, pero también la autoconfianza. Enseña a decir “NO”, pero también a pedir un favor, o a decir “SÍ” cuando corresponde. Disminuye la cantidad y la intensidad de conflictos, pero también nos ayuda a mantener un diálogo más sano y equilibrado con nosotros mismos.

Algo que merece un análisis más detallado, por lo que lo desarrollaremos con mayor profundidad en el próximo artículo.
 
Iván Yglesias-Palomar, Director de Desarrollo de Negocio de Atesora Group.