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Presentación taller virtual OMNI-líder

Presentación Taller virtual OMNI-Líder: los cuatro pilares que redefinen el liderazgo

Los nuevos tiempos requieren nuevos líderes. Por eso, queremos contribuir presentando una manera disruptiva de entender el liderazgo: el concepto de OMNI-Líder. 

Si quieres conocer de primera mano en qué consiste este nuevo y necesario perfil y la forma de poder integrarlo en tu organización, no te pierdas el taller-presentación virtual y abierto que hemos preparado para ti.

Para poder inscribirte en este evento gratuito es imprescindible enviar un correo electrónico con tus datos a info@LearningforResults.com.

Fecha:

– Jueves 4 de junio de 2020 – 11:30 h Central European Summer Time (CEST)

Duración: 90 min

Formato: Taller virtual

Recuerda que tu solicitud no podrá será procesada si no recibimos un correo electrónico con tus datos a info@LearningforResults.com. En breve recibirás un información para poder seguir el taller en directo. ¡Te esperamos!

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Tú eliges Jaime Bacás

Tú eliges

Eres libre. Puedes elegir lo que quieras en todo momento.

Las elecciones que realizas siempre conllevan consecuencias.

A veces las consecuencias esperadas condicionan tu elección, en el sentido de confirmarla o rechazarla.

Pero no lo olvides, también eres libre para aceptar o rechazar esas consecuencias.

Si estás de acuerdo con los párrafos anteriores, aceptarás que eres el único responsable de la vida que estás viviendo. ¿Sí?

Si tu respuesta ha sido negativa, puede que te interese seguir leyendo. Si por el contrario ha sido afirmativa, mejor abandona esta lectura y busca otra más interesante.

Todo lo que sucede en el mundo es neutro

Sí, no es ni bueno ni malo. Todo lo que sucede carece de significado.

El significado se lo das tú.

El significado -la valoración que haces de lo que sucede- depende de lo que has elegido creer, lo que has elegido valorar, lo que has elegido que te interesa, el significado que has elegido de las experiencias vividas…

Las personas que han elegido otras diferentes asignan, por tanto, un significado distinto al mismo evento.

Por esa razón lo que acontece no es bueno o malo. Es bueno o malo para ti y para las personas parecidas a ti, digamos para tu tribu o grupo sociológico.

Entender, comprender y aceptar los párrafos anteriores es clave para ejercer conscientemente tu libertad y para hacerte responsable de ella.

Que muchas personas crean lo mismo no lo hace verdadero

En efecto, porque no lo es para muchas otras. Y no lo es porque las creencias, intereses, etc. de esas otras tribus son diferentes.

Escojo un ejemplo extremo, la pandemia actual por coronavirus.

Un pequeño porcentaje de la población está siendo afectada directamente por esta nueva enfermedad, y otro aún menor por la muerte. Otro, más grande, se está viendo afectado indirectamente en su movilidad y en su economía.

En ambos casos está generando situaciones que algunas personas consideran desastrosas, como miedo, dolores, enfermedad y muerte.

Pero también hay un gran porcentaje de personas que no experimentan lo anterior. Incluso les está beneficiando. Por ejemplo, las personas y empresas de los sectores farmacéutico, logístico, entretenimiento y comunicación online. Por no mencionar los individuos y organizaciones cuya profesión es invertir en la compra de empresas que están perdiendo gran parte de su valor en bolsa.

“Esta pandemia que tantos interpretan como desastrosa es beneficiosa para muchos otros”

Sí. Todo lo que sucede en el mundo es neutro, no tiene ningún significado, no es bueno ni malo.

Eres tú el que le das un significado. Decimos que es un desastre cuando las consecuencias nos perjudican, o nos alegramos cuando nos benefician.

Es el significado que asignamos al mismo evento el que genera sufrimiento en unos y felicidad en otros.

Cada uno de nosotros somos responsables de los sentimientos que generamos. Eres el dueño de tus sentimientos. El bichito no es el responsable.

La pandemia es un evento neutro, que unos viven con miedo y dolor, y otros con felicidad.

El mundo no es el barrio donde vives

El ser humano es tribal. Nos gusta vivir rodeados de personas con gustos, mentalidad y apariencia parecidas a la nuestra. Cada uno de nosotros tenemos nuestra tribu. Nos resulta cómodo.

Tenemos noticia de que hay otras tribus, raras ellas. No solemos interactuar con personas del barrio de al lado, de la otra tribu.

El mundo es un lugar en el que habitan personas que viven en otros países y continentes, y en la mayoría de ellos tienen mucho menos que las tribus más desfavorecidas del nuestro. Algunas incluso nada.

“Tu sufrimiento viene determinado por las creencias, valores, intereses que has elegido tener y sostener”

Sí, hay personas que no tienen nada. Personas que no tienen acceso a nada, ni siquiera la posibilidad de robar algo para subsistir.

Me refiero a los seres humanos que tú y yo no queremos ver ni saber nada de ellos. Personas que si pudieran se cambiarían por el más desfavorecido de nuestro país, ahora mismo. Estarían encantadas de tener la oportunidad de arriesgarse a esta pandemia, en cualquiera de nuestros barrios.

Apego y desapego

Algunas enfermedades generan dolores físicos en el paciente, que pueden aliviarse en países como el nuestro.

Sin embargo, es mayor, y afecta a muchísimas más personas, el sufrimiento por el amigo o familiar que está enfermo o ha fallecido.

El sufrimiento es un sentimiento inútil. No genera ningún resultado positivo y sí negativos, como el victimismo.

El sufrimiento es un juicio que generas acerca de lo que está pasando.

Muchas personas suelen sufrir cuando tienen miedo, por ejemplo, a perder salud, nivel de vida, trabajo, propiedades.

El significado que le das a la pérdida –y a la ganancia- viene determinado por las creencias, valores, intereses, que has ido coleccionando y elegido mantener.

Observa cómo, si los cambiases por otros que no primen el apego de esos elementos, dejarías de sufrir.

Cualquier cosa que quieras conservar puede generarte el miedo a perderla, y el sufrimiento si ello sucede.

“Eres el responsable de tu sentimiento de sufrimiento o felicidad”

Sólo sufren los que tienen. Los que no tienen nada que perder no sufren.

Y tampoco sufren algunos de los que tienen algo y saben que están de paso. Que lo que consiguen en su vida es un préstamo. Saben que cuando termine su viaje se irán, como todos, con las manos vacías.

Apego y desapego por las cosas es una elección, determinada por tus creencias, valores, intereses…

Conclusión

Eres libre para elegir las creencias, valores e intereses que prefieras y, por consiguiente, eres responsable de las consecuencias de tu elección.

Si en algún momento las consecuencias no te satisfacen, sólo tienes que hacer uso de tu libertad y elegir otras que generen las consecuencias que prefieras.

Eres el único responsable de la vida que estás viviendo… y recuerda, sólo tienes ésta.

Eres libre.

Tú eliges.

“Culpar a otro de algo es desempoderante. Cuando buscas razones externas para explicarte tu disgusto o frustración colocas el foco fuera de ti. Puede que te sientas victorioso si consigues que el otro se sienta culpable. Sin embargo habrás fracasado en cambiar lo que hace que te sientas disgustado.” – Brigida Coolidge

Jaime Bacás, socio de Atesora Group

 

 

Presentación taller virtual OMNI-líder

Presentación Taller virtual OMNI-Líder: los cuatro pilares que redefinen el liderazgo

OMNI-Líder: Los cuatro pilares que redefinen el Liderazgo

Las circunstancias que estamos viviendo han acelerado de forma imprevista la evolución socio-tecnológica que se esperaba para los próximos años. Lo que hasta hace poco tiempo parecía ser un escenario coyuntural se ha convertido en un contexto permanente, que nos está obligando a adoptar nuevas reglas que rigen no sólo el comportamiento en las Organizaciones, sino en la Sociedad en su conjunto.

Si el mundo está cambiando y las empresas también, los líderes necesitan redefinirse para dar respuesta a los nuevos desafíos. Desde esta premisa, queremos contribuir presentando una manera disruptiva de entender el Liderazgo: el concepto de OMNI-Líder.

Objetivos:

• Tomarás consciencia acerca de por qué el modelo de liderazgo existente hasta 2020 ha dejado de tener vigencia, y necesita una re-evolución
• Entenderás cómo la integración de los escenarios personal, profesional y social exige unas habilidades de autogestión y liderazgo permanentes y en múltiples dimensiones
• Conocerás los cuatro pilares que proporcionan estructura, coherencia, flexibilidad e integración al OMNI-Líder
• Te presentaremos cómo operativizar el concepto de OMNI-Líder en tu Organización mediante un Programa modular, escalable y multi-formato

Fecha:

– Jueves 4 de junio de 2020

Horario:

– 11:30 h Central European Summer Time (CEST)

Duración: 90 min

Formato: Taller virtual

Invitación exclusiva para RRHH. Plazas limitadas a 20 participantes

Enviar correo para inscribirse +Info

Andragogía: Cosecha COVID-19. La pandemia que dejó malherida la pedagogía

Andragogía: Cosecha COVID-19. La pandemia que dejó malherida la pedagogía

La dura pandemia del COVID-19 se ha cebado con la humanidad y dejará atrás dramas familiares, destrucción de empleo y la economía mundial más frágil que recuerdan nuestros abuelos. Sin embargo, en mi incansable búsqueda de aprendizaje con todo lo que ocurre, he podido encontrar un buen número de beneficios colaterales que despiertan mi ilusión para el día después de esta crisis humanitaria.

Muchas familias se han reencontrado y se ven más que antes, eso sí, virtualmente. Quizá los niños han practicado menos raíces cuadradas y han conjugado menos verbos irregulares, pero también han disfrutado de más conversaciones y de buenas prácticas de convivencia. Se han rescatado juegos olvidados y algunos hijos emancipados regresaron al calor del hogar familiar.

En el mundo de la empresa, más allá de la deteriorada situación que esta crisis va a dejar en muchos sectores, también están pasando cosas buenas; algunas se están reinventando a marchas forzadas para salir más reforzadas de esta situación, y la actitud apática de algunos trabajadores ha mutado en compromiso para mantener a flote los proyectos, sin olvidar la bienvenida toma de consciencia de lo que de verdad importa en nuestras vidas.

Pero hay más. Pensando en la formación continua de los profesionales, el virus ha dejado malherida a la pedagogía, ese enfoque de formación tradicional en la que todavía hoy se pretende que los adultos aprendan “de fuera hacia dentro”, es decir, diciéndoles lo que tiene que hacer y la manera correcta de hacer las cosas, cuando en origen es una ciencia creada para educar y enseñar a los niños. Como consecuencia del obligado confinamiento, muchos trabajadores con posibilidad de seguir desempeñando sus tareas desde casa se han visto en la necesidad de reorganizar sus vidas tomando decisiones propias, sin nadie alrededor a quién rendir cuentas durante su jornada laboral y sin necesidad de demostrar que siguen sentados en su sitio. Han dejado de ser autómatas que obedecen a rutinas impuestas desde fuera para empezar a tomar sus propias decisiones. Esta actitud es la base de la andragogía, desde la que se aprende “de dentro hacia afuera”. Las personas usan sus conocimientos y gestionan sus condicionantes para tomar las decisiones que les permitan ser efectivas con las tareas que tienen asignadas.

Los enfoques andragógicos en la formación de habilidades garantizan el compromiso de los profesionales con la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos. Nadie les dice lo que tienen que hacer, sino que, fruto de las reflexiones compartidas y de los modelos aprendidos, cada uno de ellos aplica lo que cree conveniente en su contexto particular.

Este es el enfoque que el Grupo Atesora utiliza en todos los procesos de acompañamiento que facilita para sus clientes.

Bienvenidos al nuevo mundo del aprendizaje

Y tú, ¿quieres desarrollar enfoques andragógicos?

Si quieres descubrir cómo hacerlo es momento de que conversemos. ¿Hablamos?

Jorge SalinasPresidente de Atesora Group

Flores y velas Atesora Group

Flores y velas

Tengo muy claro cuándo comencé a fijarme en ellos. Tenía 18 años y entrenaba artes marciales al menos tres veces por semana, siempre en el último turno de la tarde, que era cuando podía medirme con los más avanzados del gimnasio. Eran días felices, de excelente forma física y pocas preocupaciones en la cabeza, aunque en las de mis padres había por entonces muchas, especialmente económicas. Pero lo único importante de esto es que en aquel momento aún no tenía permiso de conducir, y mucho menos coche.

Fue en aquellos tiempos cuando comenzó la amistad con los que hoy, casi cuarenta años después, siguen siendo mis mejores amigos -aunque nos hayamos peleado cientos de veces, eso sí, sobre el tatami-. Y, como vivíamos casi todos por la misma zona, hacíamos juntos el recorrido de vuelta a casa, entre risas y agujetas. Recuerdo que en algunas ocasiones uno de nuestros compañeros de entrenamiento, Juan Carlos, mayor que el resto y poseedor de un flamante Seat Ibiza nuevo, tenía el detalle de irnos repartiendo por los respectivos domicilios, cosa que agradecíamos mucho -especialmente las noches de esguinces y cojeras-, y nos hacía olvidar por un rato nuestra nada sana envidia hacia el poseedor del carnet de conducir y del coche. ¿Has escuchado la canción de José Luis Perales “Tú como yo”?

“…Pero cuánto darías por volver a jugar con tu perro una vez más, a mirar de reojo aquel pastel que se burló de ti tras el cristal… ”.

Pues ese Ibiza era mi pastel, y mi amigo Juan Carlos el que se lo comía. ¡Qué tiempos tan felices!¡Cómo añoro los 78 kg que pesaba por entonces y lo poco que me importaba nada!

Bueno, basta de nostalgias.

Una noche cualquiera, en uno de nuestros repartos, las vi por primera vez, atadas al semáforo del nº 28 de la por entonces calle Caídos de la División Azul, recientemente rebautizada como Memorial del 11 de Marzo, de Madrid capital. Ocho o diez flores de colores, agrupadas formando un humilde pero cuidadísimo ramo; y debajo de ellas, igualmente atado al poste con una cuerdecita, un cartel con letras de molde escritas a bolígrafo sobre un cartón mostraba un mensaje que no pude leer por la distancia. Desde el asiento trasero del coche, mientras hacíamos la obligada parada, me pareció que, fuera quien fuese la persona que colocó allí el ramillete y el cartel, mostraba tanta sensibilidad como estrecheces económicas. Recuerdo cómo imaginé para mis adentros que debía de haberlos puesto alguien que lo estaba pasando muy mal, probablemente una madre a la que algún hijo se le había estrellado con la moto en ese mismo lugar. La luz verde nos puso de nuevo en movimiento, y, al igual que el pequeño obituario, mis reflexiones quedaron atrás cediendo espacio a las risas y chistes habituales.

Sólo hasta la siguiente vez que pasamos por el mismo lugar. De forma instintiva me fijé en el semáforo, esperando verlo desnudo o, como mucho, adornado por el ramillete de flores ya secas y mustias. Pero no fue así. Aunque habían pasado al menos dos o tres semanas y el cartel había desaparecido, el ramo lucía sorprendentemente fresco; igual de modesto, pero nuevo.

Y así, en parte espoleado por la curiosidad y en parte por la admiración -o quizás por la compasión- hacia el anónimo autor de los homenajes, buscar el ramo atado al semáforo cada vez que pasaba por ese punto se convirtió en un hábito para mí. Y durante años nunca me sentí defraudado; a cualquier hora del día o de la noche siempre había allí un ramillete nuevo, delicado, con su mensaje discretamente atronador. No puedo más que suponer cuál era la motivación de quien lo colocaba -¡cuántas veces me he lamentado por no haber leído aquel mensaje!-, pero tal persistencia era la prueba incontestable de que ese ritual era el eje alrededor del cual giraba su vida. Me sigue emocionando cuánto amor debía sentir aquella persona, y qué horrible debía ser su sensación de duelo.

Sólo fue al cabo de más de dos décadas cuando el último ramo se secó y nunca más fue sustituido; quizás por respeto, los servicios municipales no lo retiraron hasta meses después de que, probablemente por la muerte o la incapacidad física de su dueño para seguir reponiéndolas, las últimas flores se marchitaron.

Lo cierto es que este episodio dejó huella en mí, porque desde aquellos lejanos días desarrollé una habilidad incuestionable para localizar este tipo de homenajes anónimos; y los he descubierto a centenares, especialmente cuando hago rutas en moto que me llevan por caminos perdidos y puertos de montaña. La mayor parte de las veces son ramos de flores atados al quitamiedos de alguna curva asesina, mal peraltada o con el asfalto en ruinas -señores de la DGT y de Fomento, aprovecho para sugerirles que, si de verdad velan por nuestra seguridad y no tanto por nuestro dinero, siembren algo menos las autopistas de radares absurdos y destinen un poquito más de presupuesto a señalizar bien y acondicionar los despropósitos de carreteras secundarias que hay por España, que no por casualidad el 75% de los fallecidos en vía interurbana se han matado en ellas-. Muchas flores, decía, pero también he visto pequeñas lápidas talladas a mano, cruces más o menos improvisadas hechas de madera, hormigón y hasta uralita, altares con velas encendidas rodeadas de objetos personales del difunto, todo tipo de diminutos monumentos de las formas y motivos más variados; e incluso hay bicis pintadas de blanco por muchos lugares del mundo (también llamadas “bicicletas fantasmas”), colocadas para conmemorar el falleci – miento por atropello de un ciclista en ese mismo punto. De hecho, tal tipo de conmemoraciones no se circunscriben únicamente a los muertos de tráfico; hasta donde yo sé también las hay dedicadas a accidentados laborales y víctimas de todo tipo de violencia -especialmente significativas las ofrendas populares a los muertos en los espeluznantes atentados del 11-M-. Y seguro que hay más razones que no se me ocurren.

Añorar es humano. Homenajear al que se fue equivale a fortalecer y perpetuar su memoria, y contribuye a tolerar un poco mejor nuestra propia caducidad. Sin embargo, tengo una reflexión al respecto. Al margen de lo admirables y conmovedores que me resultan estos testimonios, me hago la siguiente pregunta: ya que el dolor por la pérdida y el recuerdo que tenemos de alguien son subjetivos y particulares para cada individuo; ya que su memoria pertenece a nuestro dominio interior y siempre residirá allí, ¿no es cierto que el homenaje más significativo, el más honesto y perdurable que podríamos dedicarle a esa persona sería hacerla parte de nosotros mismos? Me refiero a integrarla, en el sentido de “hacer que algo o alguien pase a formar parte de un todo”. Recordar sus palabras, sus costumbres, su modo de ver la vida y dar sentido a las cosas; elegir lo que más nos guste y adoptarlo, habituándonos a usarlo en combinación con el propio acerbo. Fusionarla, hacer que forme parte viva de nuestro interior, de nuestra esencia; de ese modo vivirá para siempre en cada decisión que tomemos, en cada acción que realicemos, en cada logro que consigamos y en cada sueño al que aspiremos.

Y, para no resultar tan fúnebre, debo aclarar que no me refiero únicamente a quien falleció, sino a quien nos dejó en un momento dado. Un amante al que añoramos, un compañero que se marchó a la competencia, un jefe que se jubiló, un amigo al que perdimos la pista… Piénsalo por un momento. Puede que lo hayas experimentado trabajando en una empresa que sufrió el trauma de un ERE, o tras el despido -que consideraste injusto- de un compañero; quizás se trató de una persona importante para ti por la razón que fuese, y que un día decidió marcharse para comenzar un futuro diferente en otro lugar… ¿Cuánta energía, cuánto tiempo empleaste en lamentarte, en culpar a la empresa, a sus directivos, a la crisis, al destino? ¿Cuántas charlas en la máquina del café, cuántos rumores tóxicos compartiste con tus compañeros buscando justificación -o al menos una explicación tranquilizadora- para digerir la pérdida? Quizás con la distancia puedas ahora apreciar que, al igual que esas anónimas personas de las que hablábamos invierten un montón de energía a lo largo de años en construir, instalar y cuidar sus ofrendas, tú también erigiste altares y los llenaste de velas y flores, tan emotivos como inefectivos y nostálgicos.

Todo nuestro éxito se basa en el esfuerzo de quienes nos precedieron. Las normas que hoy cumples, los valores que te definen, los protocolos a los que te atienes, el listado de clientes a los que vendes tus productos, la cultura que caracteriza a tu Organización, nada de eso existiría si antes que tú no hubiera habido otros que ocuparon tu lugar. Y tú, sin saberlo, integraste su obra y ahora la perpetúas. ¿No es eso un claro homenaje a su empeño? ¿No te han ayudado, sabiéndolo o no, a ser quien eres hoy? Sólo te pido la reflexión y la altura de miras suficientes para apropiarte de su legado de forma consciente y voluntaria, y, con su ayuda combinada con tu esfuerzo, esculpir a la persona que anhelas ser para conseguir mañana aquello que hoy no puedes. La añoranza, cuando carece de un aprendizaje, sólo puede conducir a la frustración y a la melancolía. Si alguien importante para ti desapareció de repente, mi sugerencia es que lo recuperes en tu vida; pero si no puedes hacerlo, intégralo en ella. No necesitas atar flores a un semáforo ni construir un altar, real o figurado, para mantener viva su memoria. Y esto lo digo desde el más profundo respeto al dolor de quien sí lo hace, y el agradecimiento a aquella desconocida persona que despertó con sus ramilletes esta reflexión sin ser consciente de ello; como si fuera la moraleja de un cuento, acabo de caer en que hace más de veinticinco años me permitió integrar su sufrimiento y constancia para ayudarme a ser quien hoy soy. Gracias.

Iván Yglesias-Palomar.  Director de Desarrollo de Negocio en Atesora Group