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True Escape Coaching Experience Atesora Group

True Escape Coaching Experience: Invitación a la 1ª Sesión de Team Building Virtual

Desde la óptica de facilitar cambios conductuales, una dinámica de grupos -como por ejemplo una Escape Room- es un vehículo idóneo para provocar en un breve espacio de tiempo comportamientos que, en condiciones normales, tardarían semanas o meses en mostrarse, requiriendo además una observación muchas veces imposible en el lugar de trabajo.

Por este motivo, desde Atesora Group en alianza con la herramienta Fast Pace -el primer True Escape remoto- te invita a probar una Experiencia Virtual única que hace uso de la más alta tecnología para desarrollar habilidades de comunicación y trabajo en equipo, combinando el enfoque de vanguardia de la técnica de Escape Room virtual, con la metodología que brinda el Coaching de Equipos.

Objetivos:

Experimentar la metodología de Escape Room Virtual con el fin de permitir a los equipos desarrollar competencias conversacionales y de trabajo en equipo de una forma rápida y altamente efectiva.
• Disponer de un marco diferente y movilizador para provocar movimientos personales con relación a habilidades tan diversas como el liderazgo, la resiliencia, la resistencia al estrés, la gestión de la incertidumbre o la capacidad de autogestión entre otras.
• Entender cómo integrar el coaching y la tecnología de Escape Room remoto para realizar intervenciones con Equipos, tanto desde un punto de vista desarrollativo como paliativo.
• Simular situaciones en las que de una forma natural se manifiesten las dinámicas relacionales que subyacen en los equipos, diagnosticando cómo están funcionando y qué potenciales gaps pudieran tener. 

Fecha:

Jueves 28 de enero de 2021

Horario: 12.00h – 14.00h Central European Time (CET)

Duración: 120 min.

Formato: Taller-Presentación Virtual

Invitación exclusiva para RRHH. Plazas limitadas a 16 participantes

** Taller-presentación en colaboración con Cripthos

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Del teletrabajo al omnitrabajo, ¿qué nos está pasando?

Del teletrabajo al omnitrabajo: ¿qué nos está pasando?

Nada será lo mismo en nuestras vidas tras el covid-19, una crisis sanitaria sin precedentes en la historia reciente. Tampoco, por supuesto, en nuestra vida profesional. Y es que si algo ha provocado esta pandemia, además de una crisis en todos los sentidos, ha sido la aceleración en la implementación de nuevos modelos que hace apenas unos años empezaban a dibujarse en el horizonte. Una de las consecuencias inmediatas (e inevitables) es la gestión de todas aquellas tareas desempeñadas por los “White Collar”, es decir, todos aquellos que utilizan un teclado conectado en red para trabajar, muchos de los cuales ya no volverán a sus oficinas físicas.

¿Qué ha supuesto? Un paso en la “evolución darwiniana” del mercado del trabajo: del presencialismo al teletrabajo hasta un estadio superior que debemos aprender a regular como sociedad democrática y gestionar como líderes.

La ley del teletrabajo bajo lupa

Con este avance en el marco común de actuación, se abre un nuevo campo de batalla para las negociaciones de convenio entre patronales y sindicatos. Muchos aspectos estarán marcados por las limitaciones de la nueva ley, sin embargo, otros muchos flecos, serán motivo de debates interminables.

Pero, ¿dónde va a estar la clave de la implantación y la eficacia de esta nueva forma de trabajar? Sin duda alguna en la cultura organizativa que cada entidad sea capaz de desarrollar.

En aquellas empresas en las que el presencialismo (cultura “calienta sillas”) no pase de página quedarán atrapadas en una ley que marca fronteras pero que no clarifica todo. Compañías que ya venían utilizando el teletrabajo quizá se vean lastradas por una sobrerregulación que no necesitan y dificulta su aplicación.

El teletrabajo con fecha de caducidad

Pero vayamos más allá. Mi expectativa, y mi apuesta, es que el teletrabajo será un efímero puente entre la manera tradicional de trabajar y lo que cada vez demanda más el nuevo presente de dichas empresas, una actitud permanente de trabajo y disfrute solapado donde no hay horarios definidos para una ni para otra cosa.

El puesto de trabajo “ha muerto”. Ya no es un sitio al que ir o un horario que cumplir. El puesto de trabajo ahora es una serie de tareas a realizar y unos objetivos que cumplir y da igual cuándo y desde dónde lo hagamos. A eso yo le llamo omnitrabajoNo desconecto del trabajo porque también, de manera intermitente, estoy conectado con el placer y con esas otras tareas ajenas a la empresa que dan sentido a mi vida.

Jorge Salinas. Socio y fundador de Atesora Group y EXEKUTIVE Coaching.

Estímulo vs. Causa: Vivimos lo que interpretamos

Estímulo vs. Causa: Vivimos lo que interpretamos

Todos conocemos personas en nuestro entorno que viven vidas de auténtico drama, no tanto por las situaciones que “objetivamente” afrontan, sino por su manera de vivirlas y sentirse victimizados por ellas. A menudo se quejan de lo mal que les trata la vida o los demás, bien sea en las relaciones, en las escasas oportunidades que se les presentan o en el trato -o, como dirían ellos, maltrato– que reciben a pesar de su demostrada valía. No es infrecuente que, como consecuencia de esa actitud, muchas de las personas que les rodean terminan sintiéndose vaciadas de energía después de una extenuante conversación con ellos, a menudo unidireccional.

Un rasgo común que parecen exhibir estas personas -y todos caemos alguna vez en este tipo de victimismo- es que no asumen la autoría en su proceso de crear significado. No se ven como parte de la ecuación problemática y, por tanto, no pueden participar en la búsqueda de la “solución”. Hay una relación de causalidad directa entre las situaciones que viven y el motivo de sus males. Y esto en gran medida condiciona su calidad de vida. Con esto no estoy diciendo que no haya situaciones dramáticas que nos puede tocar afrontar, sino que la intensidad de ese drama siempre estará sujeta a la manera de observarlas e interpretarlas.

Hay muchos modelos que explican de forma conceptual cómo funciona nuestro pensamiento, y todos ellos tienen en común que suponen una simplificación de los procesos que llevamos a cabo inconscientemente a la hora de responder y dar sentido al mundo. Por tanto, en cierta medida, nunca representarán fielmente la complejidad de las interacciones que se producen entre nuestra mente y el entorno. A pesar de esto, nos ayudan a tener distinciones sobre nuestra propia experiencia, y así disponer de una comprensión útil y práctica de cómo poder intervenir más activamente, tanto en nosotros mismos como en los demás, a la hora de facilitar el cambio.

Es importante entender que cuantas más distinciones poseamos más tendremos disponible del mundo, pudiendo ser más conscientes de los procesos que creamos a la hora de pensar, sentir y hacer. También es relevante comprender que no respondemos al mundo directamente, en base únicamente a lo que percibimos con nuestros sentidos, sino en función de cómo le hemos dado sentido. Somos seres creadores de significado que elaboramos a través de nuestros juicios y valoraciones. Como decía Nietzsche, lo que nos diferencia del resto de especies es que “somos animales que emitimos juicios”.

Quiero presentar un sencillo modelo que puede arrojar algo de luz sobre este particular. Que sea fácil de entender, no quiere decir que no implique un gran desafío aplicarlo. Lo podemos resumir con el acrónimo S.P.E.C. Cuatro letras que representan un ciclo continuo y bidireccional que engloba diferentes elementos:

El primero es la “S” de SITUACIÓN: A cada instante estamos enfrentando diferentes escenarios y circunstancias con las que tenemos que lidiar. Tendemos a calificar esas situaciones como “buenas” o “malas”, y nos sentimos afortunados o desgraciados como consecuencia de ello. Sin embargo, las situaciones por sí solas no son ni buenas ni malas. Aunque nos cueste asumirlo, por negativas que las podamos percibir, son neutras. Una misma situación enfrentada por dos personas diferentes puede ser vivida de formas muy distintas. Un ejemplo aparentemente “descafeinado” nos puede ayudar a entender algo más esto. Imaginemos que se le pincha a alguien la rueda de su coche. Esto lo podría vivir subjetivamente como un problema, si para él o ella fuera importante llegar puntual a una reunión o a esa entrevista de trabajo tan deseada, generándole ansiedad o tensión en consecuencia; pero también podría vivirla como una oportunidad si lo que quería era precisamente una buena excusa para saltarse ese tedioso encuentro. Por tanto, podemos decir que el cómo respondamos y demos sentido a las diferentes situaciones dependerá de algo que no necesariamente está en el mundo, sino en nuestra manera de pensar, y darle sentido a lo que nos sucede. Aunque es fácil de entender intelectualmente, es tremendamente desafiante generar la distancia psicológica necesaria para no quedarnos atrapados en las situaciones que no nos agradan. Y esto conecta con la siguiente letra de nuestra secuencia, en la que se empieza a revelar nuestra autoría y participación en ese apasionante proceso de crear significado.

La “P” de PENSAMIENTO. Nuestro pensamiento está compuesto por una gran variedad de procesos que nos hacen propiamente humanos; nuestros juicios, valoraciones, creencias, paradigmas y modelos mentales son algunas de las herramientas que vamos desarrollando inconscientemente a lo largo de nuestra vida. Estás, a su vez, están influidas por nuestro entorno, cultura o contexto cultural. De ahí que sean el origen de muchos malentendidos en la comunicación. En cualquier caso, nuestro pensar lo creamos activamente nosotros mismos. Esto implica que si somos conscientes de ello nos daremos cuenta de que sentirnos mal o bien con las cosas que nos acontecen no será tanto causa directa de los escenarios que nos toca afrontar, sino en mayor medida de nuestra manera de percibirlos. Podemos y debemos hacernos responsables de esos juicios y valoraciones que nosotros mismos creamos, y que en muchas ocasiones son una gran fuente de tensión y malestar. La situación será el estímulo o disparador para sentirnos bien o mal, pero la causa siempre estará en nosotros mismos y nuestra manera de estar pensando.

Así que según como pensemos así nos sentiremos. Y esto conecta con nuestra siguiente letra de esta secuencia: la “E” de EMOCIÓN. Nuestras emociones, en gran medida, serán fruto de cómo pensemos las cosas. Podremos sentir miedo, alegría o enfado como consecuencia de diferentes interpretaciones. De igual modo será más probable que experimentemos determinados tipos de pensamientos en función de las emociones y/o estados de ánimo en los que nos encontremos inmersos. Es un proceso bidireccional y recíproco que se basa en un complicado juego de influencias, pero que tiene un gran impacto en las decisiones y acciones que elegimos emprender.

Y es precisamente el actuar el último paso de nuestra secuencia. Tal cual pensemos y nos sintamos ante las situaciones, así nos comportaremos.

Nuestros COMPORTAMIENTOS “C” serán las elecciones que hagamos para responder a las situaciones que afrontamos. Sin embargo, tales comportamientos, como hemos comentado, estarán fuertemente condicionados por lo que pensemos y por cómo nos sintamos. En palabras de uno de los grandes pensadores del management, Stephen Covey, entre estímulo y acción siempre hay un espacio de libertad y elección humana.  Esto nos faculta para responder de acuerdo con nuestros principios y valores. En esencia, es lo que nos hace humanos y nos permite afirmar que somos los arquitectos de nuestro propio destino; aunque muchas veces sea realmente desafiante llegar a construir este sentido, sobre todo cuando la vida parece golpearnos con un sinfín de malas nuevas.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿Dónde tenemos capacidad de intervenir directamente?

Efectivamente, en nuestro pensamiento y en nuestras acciones. Las emociones no serán algo que podamos elegir. Si así fuera, todo el mundo elegiría las emociones “positivas” y evitaría en todo momento las aparentemente “negativas”. Es un mecanismo biológico y reactivo que nos sucede y que nos da información acerca de necesidades que tenemos. Sin embargo, podemos intervenir y gestionarlas en gran medida desde nuestro pensar, haciendo un uso inteligente de ellas. Y de igual modo no podemos elegir las situaciones que nos ocurren, es decir, no podemos elegir las cartas que nos toca jugar en el juego de la vida. Pero si cómo jugarlas.

Vernos a nosotros mismos como seres creadores de significado nos da la oportunidad de asumir un mayor grado de responsabilidad, sobre todo en los momentos en los que más parece castigarnos la vida. Sin embargo, siempre nos da la posibilidad de volver a coger el volante que en algún momento hemos soltado y dar el giro necesario que requiere nuestra vida.

“Mirada de cerca, la vida es una tragedia; pero vista de lejos parece una comedia. No te la tomes demasiado en serio, porque nunca saldrás vivo de ella”.-Charles Chaplin

Miguel Labrador. Director de Desarrollo Directivo de Atesora Group.

Consigues o trabajas Atesora Group

¿Trabajas o Consigues?

La pregunta encierra una distinción referida a tu actitud, que tal vez quieras clarificar. Como casi todas, esa distinción es sutil y,  simultáneamente, movilizadora.

Sé sincero contigo mismo, aunque sólo sea durante un minuto, y contesta estas preguntas:

¿Cuántos días del año me despierto con una expresión inequívoca de ilusión, que anuncia el comienzo de una aventura desconocida y emocionante en mi empresa?

¿Cuántos domingos me voy a la cama deseando que la noche pase rápida porque mañana es lunes y vuelvo a ejercer mi profesión?

¿Cuántas veces me detengo para saborear, felicitarme y compartir los micro-logros que conquisto cada día?

Tu respuesta: muy pocas veces

Si tu respuesta es “nunca o muy pocas veces” es probable que sólo vayas a tu empresa a trabajar. Sin duda consigues logros. Las personas que trabajan también consiguen resultados. Por eso estás aún en nómina.

Sin embargo la persona que sólo va a trabajar no suele estar muy ilusionada con su trabajo; lo considera como un castigo o, en el mejor de los casos, un inconveniente necesario para poder pagar sus facturas. Vives el trabajo como una obligación. Por eso no es una casualidad que te escuches utilizando la expresión “mañana tengo que ir a trabajar”.

“Tengo que” es una expresión frecuentísima en nuestra sociedad que expresa la obligación impuesta por “no se sabe quién”. Mantener el anonimato de ese “no se sabe quién” (neutro) es fundamental para no poder resolver la autoría de la obligación y, por tanto, no poder  argumentarla y, de esa manera aceptarla como algo inevitable y superior a mi.

Tu respuesta: frecuentemente

Si tu respuesta es “frecuentemente” es muy probable que seas de los pocos que va a la empresa a conseguir.

Las personas que han elegido adoptar esa actitud, viven la experiencia de acudir al trabajo como un desafío voluntario, una aventura en la que van a aparecer oportunidades desconocidas. Enfrentarse a ellas y vencerlas es el juego que les satisface. Reconocer los micro-logros diarios que consiguen es el combustible que les anima a repetirlo mañana. Los eventuales errores, fracasos y obstáculos que aparecen en el juego, no los nombran de esa forma, ni los viven con enfado y fastidio, sino como (bienvenidos) nuevos retos y posibilidades que les ofrecen la oportunidad de aprender y crecer.

La diferencia

La actitud con la que te enfrentas a la vida es una elección. Tú tienes el poder de elegir la actitud con la que deseas vivirla.

El primer grupo de personas no se consideran libres, porque sólo hay libertad cuando dispones de opciones entre las que elegir.

Los reconocerás fácilmente porque utilizan expresiones, desgraciadamente tan frecuentes, como “esto es lo que hay”.

No se atreven a decir su verdad, que es: “esto es lo que yo he elegido… porque no me atrevo a…” (p.e.: cambiar de puesto, empresa, etc.).

Son, y se sienten, víctimas. Ellas no son responsables, el mundo es el culpable de su situación.

Las víctimas sufren. No es nada divertido ser víctima. Merecen nuestra compasión primero, y después nuestra ayuda para que tomen conciencia de que pueden elegir. Y es legítimo elegir cualquiera de las dos opciones.

Los resultados que consigues

Son completamente diferentes en cada caso.

Tu actitud determina el juego de comportamientos (acciones) y emociones asociadas que pones en práctica. Y estos determinan (inevitablemente) los resultados que puedes conseguir. Así que elige cuidadosamente la actitud más adecuada a lo que quieres conseguir.

Proceso recomendado

Si formas parte del primer colectivo -los que respondieron “muy pocas veces o nunca”- te sugiero que realices este proceso de 10 pasos:  

1. Párate. Desconecta tu mente de lo que estás haciendo ahora y reduce tu ruido de fondo
2. Sitúate en el contexto real. Recuerda que la mayor parte de tu vida transcurre en tu trabajo. Así que el renglón que sigue puede ser importante para ti.
3. Pregúntate. ¿Quiero conseguir o ir a trabajar?
4. Visiona. Visualiza con detalle cómo será tu vida en cada una de esas dos opciones
5. Reflexiona. Compara los beneficios e inconvenientes de cada opción
6. Pide ayuda. Conversa, contrasta, argumenta y discute con otros para incrementar tu nivel de claridad
7. Decide. Elige la actitud con la que vas a vivir en este ámbito (laboral y profesional)
8. Ejecuta. Vive, compórtate coherentemente con la actitud elegida
9. Vuelve a pedir ayuda. Cambiar es completamente posible y, frecuentemente, difícil. Buscar apoyo para garantizar que consigues hacer realidad tu elección
10. Celebra. Reconoce y felicítate por cada uno de los micro-logros que consigues. Son tuyos. Elige ser generoso, aunque sólo sea contigo mismo

Si este proceso no te resulta de utilidad contactar con un coach puede resultar una excelente elección.

Preguntas bonus para people managers

Si además eres un directivo, manager o formas parte del área de RRHH podría interesarte responder estas preguntas:

¿Cuántas personas del primer grupo creo que hay en mi empresa o departamento? ¿Qué responsabilidad tengo yo en esto? ¿Cuál es el coste de oportunidad de continuar no haciendo nada al respecto? Si no lo has calculado ¿por qué he elegido no calcularlo? ¿Tiene esto algo que ver con el ubicuo engagement? ¿Me incomodan estas preguntas? En caso afirmativo ¿qué es exactamente lo que me incomoda? ¿Quiero hacer algo al respecto?…

Auto-obsérvate: ¿alguna de tus respuestas ha sido victimista? En caso negativo te mereces un buen premio ¡Regálate una mariscada, ya!

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos horizontes sino en observarlos con una mirada renovada.” Marcel Proust-

Jaime Bacás, socio de Atesora Group y EXEKUTIVE Coaching.

Taller Virtual de Neurocomunicación Atesora Group

Presentación taller virtual: Neurocomunicación

Impacto, Foco y Eficacia en tu Comunicación

Motivar, movilizar e influir de manera efectiva reside principalmente en cómo nos relacionamos y comunicamos con los demás. Por eso, y desde la perspectiva de las neurociencias y el neuromarketing, trasladamos las claves de base neurocientífica a un Modelo de Neurocomunicación integral y práctico con el que podrás evolucionar tu comunicación a un siguiente nivel.

Los participantes integrarán activamente los contenidos y las herramientas expuestas a través de dinámicas y simulaciones de situaciones reales elegidas y diseñadas por ellos mismos.

Objetivos:

• Profundizar en el funcionamiento de nuestro cerebro, descubriendo cómo los mensajes pueden influir en nuestros estados
• Conocer al interlocutor desde diferentes perspectivas para permitir una comunicación certera y ajustada, aprendiendo a diseñar mensajes que generen el impacto esperado
• Simular situaciones reales con las que experimentar el Modelo de Neurocomunicación para facilitar su integración en nuestro día a día
• Identificar barreras que limitan nuestra comunicación en tres ámbitos: gestión del equipo, colaboración entre iguales y comunicación con mandos superiores

Fecha:

Jueves 19 de noviembre 2020 – 12:00 h Central European Time (CET)

Duración: 120 min

Formato: Taller-Presentación Virtual

Invitación exclusiva para RRHH. Plazas limitadas a 15 participantes por edición

 

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