La Productividad de lo Improductivo: De la Cultura del Work-Out a la del Work-In

La Productividad de lo Improductivo: De la Cultura del Work-Out a la del Work-In

Constantemente nos dicen que deberíamos de hacer ejercicio con regularidad para mantenernos saludables. La idea general detrás de este consejo es lógica, el cuerpo humano requiere movimientos regulares y constantes para mantener la masa muscular, la salud de las articulaciones, la salud cardiovascular, reducir la probabilidad de lesiones, mantener un peso corporal adecuado o disminuir la probabilidad de enfermedades graves tales como diabetes, cáncer o problemas cardiovasculares, así como otros muchos beneficios cruciales para nuestra salud.

Ahora bien, hay momentos en que añadir ejercicio puede ser más nocivo que beneficioso. Cuando haces ejercicio, usas tus “niveles” de energía y nutrientes vitales. Esto puede ser problemático cuando esos niveles de energía y / o nutrientes están ya de por sí muy bajos. Si estamos sometidos a fuertes niveles de estrés (bien sea físico, químico, psicológico, nutricional etc.), añadir más “Work-Out”, puede ser contraproducente, y, lejos de aportarnos un beneficio, puede ser el desencadenante de una lesión o algo peor. Es entonces cuando la necesidad de combinar el Work-Out con ciclos de “Work-In” se revela como algo fundamental para mantener un adecuado equilibrio y preservar nuestra salud y bienestar. Llamamos Work-In a cualquier actividad que nos permite reponer nuestros niveles de energía generando más energía que la propia consumida, bien sea ésta física, mental y/o emocional. Un simple paseo, una sesión de yoga o de mindfulness, podrían ser algunos ejemplos de actividades enmarcadas en el ámbito del Work-In físico.

El otro día tuve la oportunidad de reencontrarme con un buen amigo que, a mi entender, estaba empezando a invertir en exceso en una “dinámica” de Work-Out. Trabaja en una gran consultora con sesiones de trabajo maratonianas (una media de 12 horas), y me comentaba que su momento de “relax” cada día era las 2 horas de gimnasio que dedicaba al terminar la jornada. Su objetivo es presentarse en un año al campeonato mundial de Ironman que se celebra en Hawaii, sabiendo que, aunque no lo va a ganar, el poder llegar a participar y terminarlo es una meta muy motivante para él. Aunque reconoce la necesidad de descansar para mantener un buen nivel de rendimiento físico, me confesaba que si por él fuera eliminaría la necesidad de dormir porque le parecía “una pérdida de tiempo” con todas “las cosas útiles que se pueden hacer a lo largo del día”. También me decía que desde hace algún tiempo había tenido que empezar a tomar de vez en cuando fármacos para conseguir conciliar el sueño y que estaba preocupado porque en los últimos meses había empezado a notar una falta de progresión no solo a nivel físico sino también a nivel laboral.

Lo cierto es que César (mi amigo), es un ejemplo de perfil altamente “talentoso”; en menos de 5 años ha ascendido vertiginosamente en su organización y probablemente termine ocupando en pocos años una posición de socio. Se muestra proactivo en todo aquello que hace, su nivel de compromiso para con su trabajo está fuera de toda duda y no para de emprender nuevas actividades -entre ellas, recientemente se ha apuntado a clases de Chino (es el cuarto idioma que añade a su repertorio)-.

Pero aquel comentario de “pérdida de tiempo”, “cosas útiles que se pueden hacer” y de que se sentía con “falta de progreso”, me hizo reflexionar y en cierto sentido despertó en mí una alarma.

Recientemente he terminado de leer un ensayo que tiene por título la “Utilidad de lo Inútil” de Nuccio Ordine. Con este aparente oxímoron, Nuccio revindica la utilidad de aquellas cosas que no tienen un retorno inmediato en términos de beneficios directos (o en su caso monetarios); aspectos como relacionarse, reflexionar, aprender de las ciencias “inútiles” tales como la filosofía, la historia, las humanidades o el arte, emocionarnos con la vida manteniendo un sentido de curiosidad y/o asombro, comprender sin una pretensión de verdad, escuchar únicamente para entender y no para dar una respuesta, escribir sin el propósito de ser leído… y un largo etc. Todas ellas, actividades que podríamos enmarcarlas en el ámbito del Work-In mental y/o emocional.

Nuccio defiende que esos saberes y actividades que catalogamos como “inútiles” tienen como utilidad práctica la de mejorar el mundo y al ser humano, aunque eso se ve a veces como un “asunto menor” para mantener entretenidos a los poetas y a los idealistas.

En nuestras organizaciones (y en nuestra sociedad en su conjunto) hemos generado una gran “cultura del Work-Out”: preparamos a nuestros hijos para ser competitivos en todos los ámbitos de su vida, estar capacitados para afrontar un mundo en continuo movimiento (prefiero guardarme la palabra “progreso”) y ser rápidos para responder a las demandas del entorno. Sin embargo, vivimos una enorme crisis en la generación de entornos donde se fomente el Work-In, carencia que ya está empezando a generar sus consecuencias y fracturas, tanto a nivel medioambiental como a nivel de nuestra salud como sociedad y como especie en su conjunto.

Como seres humanos, una de las actividades fundamentales en las que nos involucramos desde que nacemos es la de dar sentido al mundo que nos rodea, y en este acto podemos crear sentidos más o menos “útiles” y/o atinados para nosotros que contribuyan a nuestra felicidad y crecimiento como especie, o por el contrario a nuestro sufrimiento y malestar. Que la OMS reconozca que la depresión afecta ya a 300 millones de personas en todo el mundo en el 2017 (aunque se estima que el número de personas no diagnosticadas sea del doble), alertando de que entre 2005 y 2015 el número de casos se ha incrementado en más de un 18% y sigue en imparable ascenso, debería hacernos parar un momento en el camino para reflexionar.

Probablemente uno de los sentidos que más imbricados están en nuestra sociedad del Work-Out, es el de buscar en todo aquello que hacemos el beneficio y retorno inmediato. Ante una aparente escasez de tiempo, buscamos acciones y actividades con altos y rápidos dividendos. El culto al beneficio inmediato es cada vez más creciente; esto opera en el trabajo, en el aprendizaje y la educación, en el ocio, en las relaciones, en el deporte y un largo etc. Porque claro, lo importante es no quedarnos fuera del tren… ¿O no?

Vivir impelidos al ensalzamiento de lo rentable, al resultado a corto plazo, al deseo de efectividad, a luchar para ganar en casi todos los ámbitos de la vida, no parece una dirección muy inteligente o “útil” para nosotros, sobre todo cuando formamos parte de un mismo todo (empezando por un mismo planeta). Sería interesante que empezáramos a recuperar el valor de las cosas “improductivas”, de la generación de actividades que no sólo fomenten el Work-Out sino también el Work-In, sobre todo si queremos añadir más calidad, sabiduría y en última instancia felicidad en nuestras decisiones y acciones.

Ahora que estamos en el inicio de un nuevo año y que probablemente hayas empezado a planificar tus nuevos “propósitos útiles”, te invito a que incluyas alguno “inútil”… Igual te sorprendes y terminas siendo más feliz.

Sin vacío nada podría producirse. La utilidad de la vasija no está en la arcilla sino en el hueco, en la falta de material. En una casa, lo útil son los vacíos, los huecos, puertas, ventanas, habitaciones. Y en el hombre, lo útil no son sus horas llenas, sino las vacías, las que tiene para dedicarse a sí mismo y a otros seres humanos” –Lao Tse-

 
Miguel Labrador, Director de Desarrollo Directivo de Atesora Group e International Mentoring School (IMS).