Aprendiendo a aprender desde el mentoring de International Mentoring School IMS de Atesora Group

Aprendiendo a aprender desde el mentoring (parte I)

¿Por qué mentoring?

Probablemente pocos departamentos están más ávidos de tendencias innovadoras y enfoques vanguardistas que los de RR.HH (salvando claro está, las áreas tecnológicas de las compañías que por su propio dinamismo y evolución, necesitan de actualización permanente). En esta continua búsqueda por aportar valor estratégico a sus organizaciones, muchos responsables de RR.HH, talento y/o desarrollo, acaban acudiendo a alguno de los talleres de divulgación que promovemos desde International Mentoring School (IMS) para educar acerca del propósito, aplicaciones y modelos existentes en mentoring. La mayoría de los asistentes tienen en común, además de su procedencia de RR.HH, el que casi indistintamente acuden con la idea de poder comprender de qué forma el mentoring puede satisfacer sus necesidades organizacionales, aunque sea desde un sentido de aportación de “novedad”.

No es infrecuente, por tanto, que la pregunta con la que inicio el artículo, resuene en sus cabezas, porque muchos vienen con la idea de que de contestarla satisfactoriamente conseguirían vender de forma efectiva el mentoring en su organización y así aportar valor diferencial. Cuanto menos es una pregunta que es interesarse hacerse, no ya con el propósito de “vender” o aportar algo novedoso o distinto a lo que “ya se ha estado haciendo”, sino para ser conscientes de para qué concretamente queremos impulsar el mentoring en nuestra organización antes realmente de promoverlo.

Entender el origen y fundamento del mentoring en nuestro desarrollo como seres humanos es clave para comprender el por qué puede ser útil implantarlo de una manera más formal y sistemática en la cultura de una organización.

Para explicar su génesis, no voy a remitirme a estas alturas a las referencias literarias con la consabida explicación del origen de la palabra Méntor en la épica obra de Homero, o la pedagógica obra de Fénelon de aleccionamiento político, sino a algo mucho más primigenio, como es el hecho de nuestra evolución como seres humanos. Y es que la base del mentoring es la de promover y facilitar el aprendizaje, aprovechando la experiencia adquirida por algunos en el campo que sea en beneficio del desarrollo de los demás.

A diferencia de otros animales, como seres humanos nacemos con muy pocos aprendizajes “automatizados” (o lo que es lo mismo, instintos). Ésto, sin lugar a dudas, nos aporta una gran ventaja evolutiva con respecto al resto de fauna que puebla nuestro planeta al no estar restringidos a ningún nicho ecológico concreto, es decir, no somos animales de montaña, de mar o de desierto, por lo que en cierta medida podemos trascender y habitar cualquier entorno por distinto que éste sea. Pero esta mayor ventaja colonizadora y evolutiva, también nos hace pagar un cierto “precio”. Por el simple hecho de nacer con pocos instintos imbricados, tenemos también la desventaja de que en nuestros primeros años de existencia, dependemos enteramente de las personas que nos rodean para satisfacer nuestras necesidades vitales y aprender a cómo responder al mundo en el que vivimos.

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Miguel Labrador, Director de Desarrollo Directivo de International Mentoring School (IMS)