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LA EMPRESA CAMALEÓN (Las seis claves de su salto evolutivo)

¿Sientes que algo se ha roto en la manera de dirigir las organizaciones?
¿Buscas soluciones a través de una nueva hoja de ruta?

Antonella Fayer y Jorge Salinas te revelan las seis palancas a activar
y las pautas necesarias para que tu organización de el salto evolutivo
que demanda el cambiante contexto empresarial que vivimos

Conviértete en el verdadero motor del cambio
y gestiona con garantías de éxito los nuevos desafíos.

 

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Camaleones y cazadores de tendencias

Este verano volví a cruzarme con un camaleón en las áridas tierras de Almería y me quedé observándolo un rato mientras parsimoniosamente continuaba su camino. Sabios camaleones. Ellos no lo saben pero llevan milenios señalándonos el camino de la adaptación para sobrevivir.

¿Qué es lo que hacen los cazadores de tendencias?

Ni más ni menos que utilizar su capacidad analítica, su sentido común y su intuición para prever lo que buscan y necesitan las personas en un determinado mercado.

Algunas compañías siguen ancladas en los métodos de identificación, selección y contratación de nuevos talentos de hace veinte años. Siguen buscando los mismos valores, actitudes y aptitudes de hace dos décadas y se lamentan de que ya no encuentran jóvenes con valores. Claro que los jóvenes tienen valores, pero muchos de ellos serán diferentes a los que tenemos los que ya pasamos de cierta edad. Los nuevos talentos ya no viven para trabajar. Trabajan para vivir y buscan algo que les apasione, que les mueva por dentro, aunque sea temporal. La temporalidad se va a instalar en la cultura de las empresas y defender un trabajo para toda la vida es ir en contra de la evolución. Los equipos dejarán de serlo si no tienen una razón para existir, por mucho que duela, porque cada uno de sus integrantes estará mirando en otra dirección.

Así pues abandonemos la búsqueda del profesional para toda la vida y vayamos al encuentro del profesional que, por actitud y aptitud, va a satisfacer la necesidad adaptativa de una empresa y de un equipo líquido y volátil al que aporte hoy, pero quizá no mañana. Evolucionemos como lo hace el camaleón para sobrevivir.

Te propongo el siguiente ejercicio:
1. Piensa en el producto o servicio que vende/presta tu compañía.
2. ¿A quiénes van dirigidos esos productos o servicios?
3. ¿Qué necesidades están satisfaciendo?
4. ¿Cómo van a evolucionar esas necesidades en los próximos diez años? (piénsalo…, porque lo que es seguro es que van a cambiar…)
5. Y por tanto, ¿cuál será el perfil de tu cliente en diez años?
6. ¿Qué cambios necesitará hacer tu compañía para satisfacer a esos clientes?
7. Y por último, ¿qué perfiles profesionales necesita tu empresa para impulsar esos cambios?
8. ¿Son los perfiles que tienes ahora?

Si tu última respuesta es “sí” te doy la enhorabuena. Has identificado la tendencia.

Si es…, “no”, “no del todo” o “no lo sé” es hora de ponerse las pilas y empezar a definir e identificar a las personas que necesitas para hacer triunfar tu proyecto en los próximos años. ¿Necesitas un partner para esa tarea?

Como fundador de esta compañía te ofrezco nuestro acompañamiento para explorar juntos las necesidades adaptativas para el desarrollo de talento en tu organización. ¿Conversamos?

 
Jorge Salinas, presidente de Atesora Group.

Las seis cosas que aprendí en la Titan Desert (O las seis claves del éxito para todo lo que me proponga)

Las seis cosas que aprendí en la Titan Desert (O las seis claves del éxito para todo lo que me proponga) Parte VI

SEXTO APRENDIZAJE: OLVIDA TUS ERRORES EN CINCO MINUTOS
Etapa 6. El Jorf-Maadid. 51 kms. 246+. La gloria espera a los Titanes

Y llegó el gran día. Ese que estábamos esperando todos los supervivientes de la edición de este año. Uno de cada cuatro participantes ya se había quedado por el camino y conforme habían ido pasando los días me había ido sintiendo mejor, más confiado, más cargado de pilas, más entusiasmado. ¿Os acordáis del aprendizaje de la primera etapa?: “No acomplejarse”. No lo había hecho, tuve paciencia, seguí mis sensaciones y mi intuición y ahí estaba yo con un nutrido grupo de participantes, algunos de ellos con lesiones, vendas, parches, tiritas y un aspecto de haber pasado por un sinfín de penalidades, pero todos con la sonrisa dibujada en los labios. A esas alturas todo indicaba que íbamos a acabar la carrera. Era la etapa más corta de esta edición y técnicamente no presentaba dificultad aparente, sin embargo nada más darse la salida me asaltó una inquietud que, luego conversando con mis compañeros de aventura, había sido compartida por varios de ellos. Habíamos llegado hasta allí y el entusiasmo podía cegar a más de uno. De hecho, me contaron que estadísticamente la última etapa era una de las etapas en la que más incidencias se producirían. Con el entusiasmo y la alegría desbordada algunos participantes no sólo bajaban la guardia y asumían riesgos innecesarios, sino que dejaban de tomar ciertas precauciones como no vigilar por dónde metían la rueda delantera, la distancia con el corredor que llevo enfrente, a derecha o a izquierda… etc.
Encontramos a más de uno llorando por un simple pinchazo, atrapado por la angustia, en ese momento irracional, de la posibilidad de no acabar la carrera.

Llegar hasta aquí no es una casualidad, es el resultado de muchos factores. No se trata solo de haber preparado la carrera desde un punto de vista físico con un buen entrenamiento previo, también cuenta una buena preparación logística, qué llevo y qué no llevo a la Titan y a cada una de sus etapas. A una buena montura, es decir, una buena bici resistente a las roturas, a las averías mecánicas y en perfecto estado de mantenimiento. A la fortaleza mental para aguantar el sufrimiento y estar preparado para los inesperado, a una buena salud. Que nos respeten los golpes de calor pero que también seamos cuidadosos con lo que comemos y bebemos, cuándo lo hacemos y en qué cantidad. Pero hay un factor que poca gente tiene en cuenta y que sin embargo se revela como elemento clave en un desafío de estas características: la toma de decisiones. Puede parecer evidente…, sin embargo es interesante reparar en ello conscientemente.

La inquietud que nos asaltó a muchos de sufrir un percance en la última etapa creo que despertó especialmente nuestros sentidos. Ese día no me pegaba tanto a quien tenía delante para aprovecharme de su escudo contra el viento y así mejorar mi aerodinámica. Tenía especial cuidado de por dónde iba “colocando” mi rueda delantera, no fuera a ser que un saliente o un canto afilado del terreno rajara una cubierta, y me di cuenta que cuando no estaba acertado con el sitio por el que hacía pasar la bicicleta el sentimiento de culpa por haber cometido ese error y mi análisis de porqué lo había cometido distraían mi capacidad de concentración y, a veces, esto me llevaba a encadenar varios errores seguidos. Afortunadamente me di cuenta en los primeros kilómetros de esa etapa y mi aprendizaje me permitió evitar más situaciones como aquella. En esas circunstancias la toma de decisiones es continua: ¿paso la rueda por la derecha o por la izquierda de la piedra?, ¿me salgo de la rodada para buscar terreno más compacto?, ¿paso por encima de la zarza porque la alternativa me parece muy irregular?, ¿me acerco o me alejo del corredor que llevo delante?, ¿lo adelanto o lo sigo?, ¿subo o bajo pulsaciones?, ¿me conviene beber o comer de nuevo?…,etc.
Ante tal avalancha de información y la consiguiente toma de decisión es conveniente no detenerse a sobre-analizar. Si lo hago, mi pérdida de foco en el presente, en lo que está pasando ahora, aumenta el riesgo de volver a cometer otro error. Es fácil trasladar este aprendizaje a un proyecto profesional. Toma las mejores decisiones que puedas tomar con la información que tienes. Tomando decisiones también cometerás errores, pero no pasa nada. Olvida tus errores en cinco minutos (en esa última etapa decidí hacerlo en cinco segundos). No te lamentes más tiempo. Busca el aprendizaje que sacas de ellos con rapidez, y sigue poniendo foco en el ahora, en el presente. El pasado ya no existe, el futuro aún no ha llegado, lo que está pasando está pasando ahora. No te pierdas el ahora.

Si movilizadora fue mi experiencia en la Titan, también lo ha sido revivirla para poder compartirla en este artículo.
Confío en que el relato te haya entretenido y que los aprendizajes que yo viví se conviertan en un nuevo mapa que te ayude a alcanzar el éxito en tu carrera profesional y en todo lo que te propongas.

Este artículo está dedicado a personas como mi amigo Pedro que lleva dos años luchando contra un cáncer, a los que sufren violencia de género o acoso, a los que sobreviven en condiciones de pobreza extrema. Todos ellos sí que son Titanes, saben lo que es la verdadera dureza del camino. Lo nuestro, lo de aquellos que buscamos desafíos por voluntad propia en una carrera como La Titan Desert, tan sólo es un paseo en bicicleta.

Jorge Salinas, Presidente de Atesora Group.

 
Artículo completo en la Revista Talento de julio y agosto de 2017. Página 20.
PRIMER APRENDIZAJE: NO ACOMPLEJARSE NUNCA
SEGUNDO APRENDIZAJE: COMPETIR HOY PARA GANAR MAÑANA
TERCER APRENDIZAJE: MODELA A LOS MEJORES
CUARTO APRENDIZAJE: HAZ MÁS CON MENOS
QUINTO APRENDIZAJE: APROVECHA LOS IMPULSOS DE OTROS

Las seis cosas que aprendí en la Titan Desert (O las seis claves del éxito para todo lo que me proponga)

Las seis cosas que aprendí en la Titan Desert (O las seis claves del éxito para todo lo que me proponga) Parte V

QUINTO APRENDIZAJE: APROVECHA LOS IMPULSOS DE OTROS
Etapa 5: Fezzou-El Jorf. 143 kms. 1288+. Un infierno de más de 140 kms.

Esta etapa era la más temida por los participantes, 143 km de desierto, altas temperaturas y un viento que sin ser tan fuerte como los primeros días todavía molestaba, y según la orientación de la marcha se convertía en un importante freno para avanzar.
A esas alturas de la carrera, casi el 25% de los participantes habían abandonado. Los problemas estomacales los primeros días y la fatiga, el agotamiento, los golpes de calor, las averías y alguna que otra caída habían mermado el pelotón.
Mi compañero de batalla ya estaba totalmente recuperado y desde el arranque pusimos una buena marcha. No queríamos forzar porque sabíamos que aquella etapa se le iba a hacer muy larga a muchos. Sin embargo, un terreno compacto con apenas algunos intervalos de camino trialero, nos ofreció un escenario mejor de lo esperado.
Unos cuantos participantes, aquellos que el día anterior habían llegado muy justitos de fuerzas, decidieron no salir temiéndose lo peor, sin embargo, para la mayoría, la etapa fue larga aunque más llevadera de lo previsto. A veces las expectativas en forma de creencias limitantes son las principales boicoteadoras de nuestra vida. Además, el Dios Meteo quiso que durante los últimos treinta kilómetros de la jornada un fuerte viento soplara a nuestro favor con lo que una espalda bien erguida sobre la bicicleta se convertía en una estupenda vela para que llaneando consiguiéramos en alguno de esos últimos tramos más de cuarenta kilómetros de velocidad.
Pensando en las claves que nos permitieron hacer esta etapa en un tiempo extraordinario y con un desgaste menor de lo esperado identifiqué un recurso que apenas habíamos utilizado en las jornadas anteriores: pedalear en grupo. O como dirían los buenos aficionados al ciclismo, “marchar en grupeta”.
En varias ocasiones hicimos grupeta con algún equipo o con algún grupo de participantes que habían decidido hacer el camino juntos. Alcanzar a uno de estos grupos significaba pedalear más protegidos del viento y, al mismo tiempo, obligarnos a no disminuir el ritmo al que íbamos. En ocasiones, por un parón inesperado del grupo, o porque verdaderamente veíamos decaer su ritmo, nosotros decidíamos tirar hacia delante con la intención de alcanzar nuevos compañeros de viaje con un ritmo más adecuado a lo que necesitábamos en ese momento.

El aprendizaje, trasladado al mundo empresarial, puede parecer obvio, sin embargo no siempre somos conscientes de ello. Aprovecha los impulsos de otros, arrímate a aquellas personas que te dan energía y que están empujando en el mismo sentido. A los que te ponen las pilas. No pretendas hacer el camino solo. Una labor de equipo bien alineada, donde además se cultiva la complicidad y la vinculación emocional, es una base extraordinaria para desempeñar el liderazgo y multiplica las posibilidades de éxito de un proyecto.

El incidente más comentado de la jornada fue el error que cometió un grupo de unos cincuenta corredores que, con el objetivo de recortar terreno entre el primer punto de control y el segundo, decidieron navegar por una ruta alternativa a la sugerida por la organización, algo que está permitido dentro de los reglamentos de la Titan, únicamente que al preparar esa alternativa la noche anterior no tuvieron en cuenta la altimetría del terreno y el camino elegido les llevó a través de un terreno ascendente, que por tramos ni siquiera podían hacer montados en la bicicleta, hasta un precipicio desde el que era casi imposible descender por la vertiente contraria salvo que alguien se jugara la vida saltando de saliente en saliente con la bicicleta al hombro, riesgo que asumieron dos participantes. El resto se dio la vuelta acumulando un retraso de tres horas con respecto a los que siguieron la ruta sugerida. El comentario general de los que sufrieron aquel percance fue “deberíamos habernos dado la vuelta antes al comprobar sobre el terreno que continuar en esa dirección era una estúpida huida hacia delante”.
Pasados unos días y analizando el incidente lo conecté con el empecinamiento y cabezonería con la que algunos profesionales abordan circunstancias parecidas, es decir, cuando todo hace indicar que se ha cometido un error y por evitar reconocerlo, para que el ego no resulte dañado, insisten en contra de las opiniones de la mayoría, y hasta de la evidencia. Si te confundes no pasa nada, rectifica, no tengas miedo a utilizar la declaración menos escuchada en el mundo del trabajo: “Me he equivocado”.



Artículo completo en la Revista Talento de julio y agosto de 2017. Página 20.
PRIMER APRENDIZAJE: NO ACOMPLEJARSE NUNCA
SEGUNDO APRENDIZAJE: COMPETIR HOY PARA GANAR MAÑANA
TERCER APRENDIZAJE: MODELA A LOS MEJORES
CUARTO APRENDIZAJE: HAZ MÁS CON MENOS
SEXTO APRENDIZAJE: OLVIDA TUS ERRORES EN CINCO MINUTOS


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Las seis cosas que aprendí en la Titan Desert (O las seis claves del éxito para todo lo que me proponga)

Las seis cosas que aprendí en la Titan Desert (O las seis claves del éxito para todo lo que me proponga) Parte IV

CUARTO APRENDIZAJE: HAZ MÁS CON MENOS
Etapa 4: Merzouga-Fezzou. 104 kms. 900+. Inicio etapa maratón y puro desierto.

Y llegó la etapa maratón. ¿Qué en qué consiste?. Son dos tramos, uno por día, donde en la noche que hay por medio no se cuenta con ningún tipo de ayuda ni comodidades, más allá de una jaima comunitaria para los más de cuatrocientos participantes.
En la salida de esta cuarta etapa, cada corredor debe llevar encima todo lo necesario para terminar esa etapa y la siguiente: repuestos para la bicicleta, alimento sólido para el recorrido, elementos para el aseo personal, equipación para cambiarse el segundo día, saco y colchón hinchable, si se quiere descansar durante la noche…etc. En esa etapa, si se consigue terminar, no esperan masajista ni mecánicos para recomponer cuerpo y máquina.
Saliendo ese día sabíamos que estábamos sobrepasando el ecuador de la prueba y precisamente, en el momento de la partida, sufrí un incidente desagradable.
Esta es la etapa en la que los participantes necesitan utilizar toda su inventiva y creatividad para transportar el “equipo extra necesario” al que antes hacía mención. Fue interesante para mí dedicar unos minutos a observar la percepción de “lo necesario” tan diferente que tenemos los seres humanos. Alguno parecía que fuera a hacer el Camino de Santiago en bicicleta durante varios días por la cantidad de enseres que transportaba. Mochila de hidratación de mayor tamaño que en días anteriores, saco de dormir bajo el manillar, alfombrilla aislante atada a la barra horizontal del cuadro de la bicicleta, colchoneta sujeta bajo el sillín y hasta un trasportín sobre la rueda trasera para llevar el resto de accesorios “necesarios”. Otros, sin embargo, parecía que fueran a dar un paseo de media hora por el Parque del Retiro, porque más allá de la habitual mochila de hidratación, no fui capaz de identificar donde transportaban los accesorios extraordinarios para esas dos jornadas.
Mi decisión previsora se ajustó a la del participante medio, en cuanto al mínimo de elementos a transportar durante esa etapa. Me las ingenié para colocarlo todo en la Camel Back, la mochila de agua que habitualmente llevaba con los accesorios imprescindibles en caso de avería común. Eso sí, fue un puzle que encajé con “calzador”.

La música a tope y todos esperando en el cajón de salida. Empieza la cuenta atrás: 10,9,8,7…, pero llegando al 3,2…, alguien, que tenía detrás de mí, me dice: ”se te ha caído el saco”. “La madre que me p…”. En qué momento me ocurre aquello…, lo recojo del suelo con precipitación antes de que alguien me atropelle en su arranque, se lo comento a mi compañero de viaje y, con el saco en la mano, me pongo a pedalear para evitar que me pase por encima la marabunta. Con un “nos echamos ahora a la derecha nada más salir”, acordamos parar para asegurar lo que estuve a punto de perder. Las noches en el desierto pueden ser muy frías y abandonar el saco de dormir no me parecía una buena idea. Ya parados, mientras nos las ingeniamos para asegurarlo de nuevo (la cinta americana es un excelente compañero de viaje en este tipo de aventuras), observamos, no sin cierta desazón, como todos los participantes que habían salido detrás nuestra nos sobrepasan y comienzan a desaparecer en la lejanía tras una nube de polvo y el estruendo que originan las palas del helicóptero.
Serenidad y mente fría fueron, a partir de ahí, extraordinarios recursos de valor el resto de la etapa.
Los problemas estomacales de mi compañero del alma casi habían desaparecido del todo pero aún nos asaltaba la duda de cómo iba a responder al esfuerzo necesario para acabar la jornada. Aún así, y a su ritmo, para asegurarnos de que nos ajustábamos según sus sensaciones, estuvimos remontando posiciones el resto de la etapa, lo que supuso un refuerzo emocional extra que sin el percance no habríamos tenido.
Uno de los participantes que alcanzamos pedaleaba con la única pierna que tenía. Pertenecía a ese reducido colectivo de valientes corredores que con alguna discapacidad se habían atrevido a inscribirse en la prueba.
Supongo que será de esas personas que cuando alguien le insinúa que no podrá hacer determinadas cosas como consecuencia de su discapacidad dirá: “mira como lo hago”. Observar aquel ejemplo de fuerza y determinación hizo que apretáramos aún mas los dientes y continuáramos pedaleando.
Fue una etapa dura porque se hizo interminable aunque las sensaciones percibidas nos llenaron de entusiasmo y confianza para poder llegar a la meta ese día y los restantes con un tiempo fantástico.

Ese día aprendí dos cosas muy importantes para mí. La primera que “menos es más”. Que no necesitamos esperar a tener todos los recursos disponibles para abordar un proyecto. “Lo necesario no es tanto”. Hay personas que no se echan a andar porque esperan a tenerlo todo antes de poner en marcha una iniciativa. No esperes, ¡empieza ya!. Echa a andar con lo mínimo imprescindible. No caigas en esa trampa. Puede ser tu principal boicoteador. De hecho, “tenerlo todo”, se convierte en un lastre que nos retrasa porque nos condiciona, y aún así, en el trayecto para conseguir un objetivo, si sufres un percance, utilízalo como un aliciente para insistir con mayor determinación. Llénate de orgullo solventando los incidentes que sin duda van a aparecer y date premios para celebrarlo y así reforzar emocionalmente esos logros.
Mi segundo aprendizaje…, que no hay discapacidad que pueda con la determinación humana.



Artículo completo en la Revista Talento de julio y agosto de 2017. Página 20.
PRIMER APRENDIZAJE: NO ACOMPLEJARSE NUNCA
SEGUNDO APRENDIZAJE: COMPETIR HOY PARA GANAR MAÑANA
TERCER APRENDIZAJE: MODELA A LOS MEJORES
QUINTO APRENDIZAJE: APROVECHA LOS IMPULSOS DE OTROS
SEXTO APRENDIZAJE: OLVIDA TUS ERRORES EN CINCO MINUTOS


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